El mercado laboral argentino muestra una doble realidad en el inicio del año. Según el informe técnico del Mercado de Trabajo de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la tasa de desocupación abierta se ubicó en el 7,8% al cierre del primer trimestre de 2026. La cifra representa una estabilidad estadística frente al 7,9% registrado en el mismo período del año pasado y al 7,5% del trimestre anterior.
Sin embargo, detrás de la aparente calma de los grandes indicadores, el reporte oficial enciende alarmas encubiertas: la calidad del empleo se deterioró sensiblemente, reflejada en una suba significativa de la precarización laboral y del subempleo por insuficiencia de horas.
Radiografía de los números globales
Con una población de referencia de 30,1 millones de personas en los 31 aglomerados urbanos relevados, la Tasa de Actividad (TA) se posicionó en el 48,6% (14,6 millones de personas económicamente activas), mientras que la Tasa de Empleo (TE) alcanzó el 44,8% (13,5 millones de personas ocupadas). Al desglosar el universo de los desocupados, que suma 1,1 millones de personas en los centros urbanos, el 31,8% lleva más de un año buscando trabajo, lo que expone la naturaleza estructural del problema del desempleo para un tercio de los afectados.
Alarma por la informalidad y la subocupación
El dato más crítico del informe de la entidad dirigida por Pedro Ignacio Lines pasa por la calidad de las inserciones laborales:
- Salto en la informalidad: La tasa de empleo informal alcanzó el 44,2%, marcando un incremento estadísticamente significativo de 2,2 puntos porcentuales en la comparación interanual respecto al primer trimestre de 2025 (cuando se ubicaba en 42,0%). Esto equivale a casi 6 millones de trabajadores sin descuento jubilatorio ni protección legal.
- Aumento de subocupados: La subocupación horaria —personas que trabajan menos de 35 horas semanales por causas involuntarias y desean trabajar más— trepó al 11,1%, lo que implica una suba interanual de 1,1 puntos porcentuales.
Sumando a los desocupados abiertos (7,8%), los ocupados que buscan activamente otro empleo (15,8%) y los disponibles que no demandan activamente (5,9%), la presión global sobre el mercado de trabajo se ubicó en un preocupante 29,6%. Esto significa que casi 3 de cada 10 trabajadores activos en Argentina ejercen algún tipo de presión o necesidad de mejora laboral.
Desigualdad de género y juventud
El sesgo de género y edad continúa condicionando el acceso al trabajo formal. La tasa de desocupación golpea con mayor dureza a las mujeres jóvenes de hasta 29 años, donde llega al 15,5%, seguidas de cerca por los varones del mismo rango etario, con un 14,6%. En contraposición, los varones de entre 30 y 64 años registran los índices de desempleo más bajos del sistema, con apenas un 5,2%.
Fuertes asimetrías regionales
El impacto de la falta de oportunidades formales no es homogéneo a lo largo del territorio nacional. El Gran Buenos Aires registró la tasa de desocupación más alta del país con un 8,7% (impulsada por los Partidos del GBA que promedian un 9,7%), seguida de cerca por la Región Pampeana con un 8,2%. En el otro extremo, las regiones del Noroeste (4,9%) y la Patagonia (5,0%) exhibieron los niveles de desocupación abierta más bajos.
Por otra parte, al analizar los datos por el tamaño de las ciudades, los aglomerados de más de 500.000 habitantes mostraron un desempleo del 8,3%, mientras que en los centros urbanos de menos de 500.000 habitantes la tasa fue del 5,7%, aunque en estos últimos el indicador subió 0,7 puntos porcentuales en la comparación interanual.

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