Una ola de gran magnitud sorprendió durante la tarde del 12 de enero a turistas y residentes de Santa Clara del Mar y Mar del Plata, provocando la muerte de una persona y dejando más de treinta heridos. El fuerte impacto obligó a evacuar preventivamente varias playas y motivó la inmediata intervención de los servicios de emergencia.
El guardavidas Martín Cabral se refirió a lo sucedido y destacó el carácter imprevisible del fenómeno. “La naturaleza tiene estas cosas. Los compañeros que están en el Partido de la Costa nunca imaginaron algo así”, señaló. Además, remarcó las limitaciones propias del trabajo de rescate: “La gente tiene que entender que, aunque seamos guardavidas, no siempre vamos a llegar, lamentablemente”.
En ese sentido, Cabral explicó la importancia de respetar los horarios y las zonas habilitadas para el baño. “Por eso existen horarios y lugares determinados: significa que hay personal capacitado y que vamos a tratar de rescatar a todos o, al menos, disminuir el impacto de este tipo de situaciones”, afirmó. También subrayó la excepcionalidad del evento: “Ayer la naturaleza nos dio un golpe inesperado; las posibilidades de que algo así suceda eran una en un millón. Ni los meteorólogos ni los científicos pudieron preverlo”.
Según especialistas, el fenómeno registrado corresponde a un meteotsunami, una ola de gran tamaño que se genera por causas atmosféricas y no por movimientos sísmicos, como ocurre con los tsunamis tradicionales. Este tipo de olas se produce a partir de cambios bruscos en la presión atmosférica, generalmente asociados a tormentas intensas, frentes fríos o ráfagas de viento muy fuertes.
Los meteotsunamis suelen manifestarse con mayor intensidad en zonas costeras poco profundas, bahías o puertos, donde la forma del fondo marino y la línea de costa pueden amplificar el efecto de la ola. Aunque no siempre alcanzan la magnitud destructiva de un tsunami sísmico, pueden provocar daños en embarcaciones, infraestructuras portuarias y representar un serio riesgo para bañistas y pescadores.
Este tipo de fenómeno es más frecuente en regiones como el Mar Mediterráneo, el Golfo de México y algunas costas de Estados Unidos, aunque los expertos advierten que puede presentarse en cualquier parte del mundo donde se den las condiciones atmosféricas y geográficas adecuadas.

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