El subdesarrollo es la condición de la mayoría de la humanidad. La población argentina entró hace mucho tiempo en conflicto con los límites que le impone. Pero las fuerzas del antiperonismo tendieron a consolidarlo. Es necesario debatir su superación en el contexto del problema por la renovación dirigencial.
En 1959, Rogelio Frigerio publicó un ensayo con el título Las condiciones de la victoria. Fue el primero de un conjunto cuya finalidad era indagar en la necesidad del desarrollo argentino para superar los lazos de dependencia con la economía británica, respaldada por un sector de la estructura social cuya representación en ese momento asumió el antiperonismo.
Traerlo a colación viene a cuento. Ahora que en el peronismo se debate cómo renovar propuestas para producir una alternativa política atractiva, es necesario repasar la situación nacional histórica y preguntarse por las razones de fondo del fracaso de 2019-2023.
En el capítulo 1, observaba Frigerio que “Perón no pudo sacar al país de su acentuada insuficiencia productiva que impide brindar a los argentinos altos niveles de vida sobre bases sólidas y permanentes. Removió las formas de nuestra economía con innegable sentido nacional y popular, levantando transitoriamente el nivel de vida del proletariado urbano a costa de las reservas de divisas acumuladas durante la guerra y mediante la creación de una pujante industria liviana edificada sin bases nacionales autónomas. Pero no pudo romper las últimas cadenas que nos ataban al coloniaje y atacar las causas profundas de nuestro subdesarrollo: la carencia de petróleo, acero, carbón, energía eléctrica”.
Concluía que por la política de ajuste que sobrevino como respuesta a la manifestación de insuficiencias en la estructura productiva, con el descenso resultante en el nivel de vida cuya elevación la clase trabajadora experimentó recientemente, aisló al apoyo de ésta última, “sembrando con ello los peligrosísimos gérmenes de la disgregación nacional”.
Frigerio notaba que, por oposición, la pretensión de la Revolución Libertadora de eliminar al peronismo era estéril, por su afirmación como factor de la política nacional que expresa intereses nacionales y populares.
A su vez, remarcaba que circunscribir el antagonismo a la lucha emotiva entre gorilas y peronistas, y operar bajo la perspectiva del revanchismo, desviaba el énfasis de la batalla por el desarrollo, que es la que conduce a la superación de las bases objetivas en las que se originan la dependencia y la postergación de los intereses populares.
Remitiéndonos a nuestra preocupación originaria, en la gestación del Frente de Todos hubo cierto espíritu de respuesta al antiperonismo. O al antikirchnerismo, si se prefiere un término más adecuado para el presente.
El subdesarrollo es la condición de la mayoría de la humanidad. La población argentina entró hace mucho tiempo en conflicto con los límites que le impone. Pero las fuerzas del antiperonismo, que recientemente expresaron Cambiemos y La Libertad Avanza, tendieron a consolidarlo, generando un malestar con la política que enrarece su desenvolvimiento.
El enrarecimiento y el extravío adquieren mayor fuerza cuando el campo nacional-popular, que por definición encuentra su basamento en la prosperidad colectiva, no alcanza a superarlo. Debe tenerse en cuenta que el subdesarrollo, en tanto fenómeno estructural, no se supera espontáneamente. Es una meta que requiere un trabajo persistente.
La fórmula Fernández-Fernández capitalizó el descontento inducido por la debacle económica de la administración Cambiemos, pero el Gobierno resultante fue incapaz de revertirla. De hecho, sus limitaciones llevaron a que se ahondara.
Su sucesor, el Gobierno de Javier Milei, también participa del proceso de degradación, pero aún no emergió una alternativa lo suficientemente sólida no solo para asegurar un recambio electoral, que en última instancia puede gestarse por el propio desgaste del oficialismo actual, sino un programa de gobierno sólido que señale cómo revertir el empeoramiento en las condiciones de vida de la población.
Ante tal vacancia, varios observadores sugieren que es necesario elaborar nuevas propuestas por parte del peronismo. Pero al hacerlo, es común que se busque plantearlas en términos compatibles con el imaginario antiperonista. Eso provoca una distorsión. La regeneración de un proyecto político requiere un apoyo en su razón de ser histórica, sin la cual pierde sentido.
Por dicho motivo, no adentrarse en un debate de fondo sobre los factores que provocan los obstáculos para la realización de un proyecto de país diferente, como en los orígenes del descontento social, y pretender reemplazarlo adoptando los estereotipos del antiperonismo, es el camino para que pervivan los intereses que le dan sustento, y así el campo popular se dirigirá hacia un nuevo fracaso. Es decir, otra experiencia fallida como la del Frente de Todos.
El problema candente de la renovación dirigencial no está escindido de esta problemática. Si bien existen motivos suficientes para que la renovación se trate como problema en sí mismo, por sí sola se limita a lo electoral, con sus implicancias en términos de la distribución de poder político entre distintos espacios.
Pero para el conjunto de la población argentina no se trata solamente de saber quién está en mejores condiciones de ejercer el poder, sino qué propuesta sintetiza de mejor manera sus intereses.
Brevemente, podemos resumirlos en la recomposición de las condiciones de vida con miras a una mejora frente a lo que se conoció hasta este momento. Eso implica el inicio de un proceso de crecimiento económico de magnitud y persistencia, con perspectiva de superar el subdesarrollo.
Durante la gestación del FdT, no se debatió en estos términos. Por el contrario, se enfatizaron las restricciones que dejaba la administración saliente y las falencias de los gobiernos kirchneristas que no debían repetirse. Pero no hubo un interés activo en las fuerzas políticas que lo integraron en orientar la discusión en función de un programa político. Fue una respuesta crítica de la experiencia anterior, sin lineamientos propios.
Es evidente que una tarea de esa envergadura requiere de un debate abierto y de la formación de espacios para ese fin. No necesariamente se resuelva en el período de un solo gobierno, pero tampoco sirve sostener que “no se puede hacer todo en tan poco tiempo”. De lo que se trata es de que, estando a cargo del Poder Ejecutivo, o por fuera de él, una fuerza política dé cuenta de estos objetivos, impulsando su concreción con todos los medios a su alcance.
Fuente yahoraque.com
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