«Si la libertad significa algo, es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír». George Orwell.
Los datos negativos se suman diariamente: niveles de inflación desconocidos desde hace décadas en los países del norte y en nuestros países; enlentecimiento del crecimiento de la producción; crisis energética derivada de la guerra y la dependencia del gas ruso, y cada uno de los países le agrega sus propias componentes sociales y económicas a la crisis.
En algunos países y en general a nivel de varios economistas de renombre se impulsa la política de la austeridad, la «austerity» como una solución. En el Uruguay también es un tema central, porque aunque no se la ha bautizado, la obsesión por el déficits fiscal, es uno de los rasgos fundamentales de la austeridad. No es solo una «receta» económica» sino cultural y en cierta medida geopolítica. La clave de la austeridad es la disminución del gasto del Estado para reducir el déficit público.
La austeridad tiene efectos muy importantes, incluso en la percepción de los ciudadanos y en el clima social y debería ser parte fundamental del debate ideológico y político.
En realidad sobre la austeridad, además de los factores de autopercepción y de las campañas de los grandes medios de prensa que inician sostenidas y reiteradas argumentaciones, que el endeudamiento de los países es demasiado grande, incluso que la inflación depende también en buena medida del exceso de gasto y convocan a las políticas de austeridad. Aquí en Uruguay la Rendición de Cuentas y la obsesión por el déficits fiscal es un ejemplo muy claro y es una clave de toda la política económica.
Estas posiciones parten de un elemento clave, la pérdida total de memoria histórica que demuestra que la política de austeridad es profundamente equivocada y fracasó en el pasado.
Debemos recordar que entre el año 2008 y el 2013 se aplicó la política de la austeridad en el mundo, y por lo tanto podemos analizarla en sus resultados, tenemos abundantes datos y evidencias de los resultados y todas demuestran su fracaso mundial: la reducción monetaria; los aumentos directos o a veces disimulados de los impuestos y los cortes del gasto público causados por la austeridad no lograron alcanzar ninguno de los objetivos para los que fueron anunciados.
En Uruguay notoriamente no se aplicó la austeridad en esos años, y fuimos uno de los pocos países en el mundo que tuvimos resultados muy diferentes, no se detuvo el crecimiento del PBI, ni de los salarios y jubilaciones, no aumentaron las diferencias sociales, ni siquiera se hizo la plancha, que tanto daño hizo en el último gobierno del FA y este periodo fundamental no es suficientemente analizado y comparado con la actualidad.
Los sacerdotes de la ortodoxia liberal a nivel mundial habían previsto que la ocupación y los salarios, jubilaciones y ganancias de muchas empresas no habrían disminuido y estos cayeron notoriamente, en el caso del Uruguay para recuperar el porcentaje que representan en el conjunto del PBI se necesitará llegar a finales del 2024 para volver a los niveles previos a la pandemia. Por otro lado a nivel global y en Uruguay, en la actualidad, aseguraban que la desigualdad social no habría aumentado y la disparidad y, la fractura social entre los más ricos y los más pobres ha crecido de manera exponencial, incluso en nuestro país, incorporado a la práctica de la austeridad a partir del 2020.
El efecto que también se siente en nuestro país es exactamente el opuesto, ni siquiera se ha reducido la deuda pública, incluso ha producido el efecto contrario, se deprimió de tal manera la ocupación de calidad y sobre todo los ingresos (jubilaciones, salarios y ganancias de pequeños y medianas empresas) que ha hecho explotar la relación entre endeudamiento y los ingresos. La demostración más dramática es la cantidad de personas inscriptas en el clearing de morosos, cercana al millón y dentro de estas las 690 mil que son consideradas incobrables por el Banco Central. Si bien el endeudamiento familiar y de pequeñas y medianas empresas a tasas muy elevadas existía anteriormente, con la austeridad explotó y pone en peligro todo el sistema de pequeños y medianos créditos.
El fracaso a nivel mundial fue en su momento incluso reconocido por el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) y su ex economista jefe, Olivier Blanchard, que fuera inicialmente uno de sus principales promotores.
Lo más preocupante es que diez años después es la línea dominante en varios países y vuelve a tomar vuelo a nivel mundial, como si científicamente no pudiéramos recurrir a los datos concretos de su fracaso. Esta pérdida de memoria es el mayor ejemplo de un oscurantismo al asecho.
La austeridad afecta al conjunto de La sociedad pero sin duda – y las cifras lo demuestran muy claramente – favorece a las facciones de las clases dominantes que están en una posición de fuerza, de crédito y capitales disponibles con tasas de ganancias superiores a la media. No afecta solo a los pobres, a los trabajadores, a los jubilados, a la clase media, también afecta a un sector de las clases pudientes, de los ricos, pero que son presa del otro sector del capital, el que dispone de grandes cantidades líquidas para adquirir activos, empresas y acciones.
En Uruguay la concentración de empresas en ciertos sectores (por ejemplo el comercio, las grandes superficies, comprando medianas y hasta pequeñas empresas) lo demuestra.
Los capitalistas acreedores pueden perfectamente soportar y aprovecharse de La crisis desatada por la austeridad y pueden derrotar a sus competidores, debilitados por esta política y «deglutírselos», aumentando la concentración. La austeridad es el mayor acelerador de procesos de centralización de los capitales, cada día en menos manos y por ello encuentra sostenedores en los beneficiarios, pero también en desprevenidas víctimas del proceso. No siempre este proceso además del choque económico, empresarial se expresa en el plano político y del debate, por ello es fundamental analizarlo a fondo.
La lucha económica y política en esta fase histórica también se expresa en las clases dominantes. Grandes capitales acreedores, contra pequeños y medianos capitales. Acreedores contra deudores a nivel global, entre capitales occidentales y orientales que disponen de enormes reservas de capital, en particular China, pero a nivel del sector energético hay que incluir también a Rusia.
Lo dramático es que esta lucha global se da entre los diversos capitales y, los sectores asalariados y postergados no siempre encuentran formas de expresarse y de participar a nivel de la lucha política y económica, más que como víctimas.
La concentración del capital característica de esta nueva era, se basa en datos objetivos y no en suposiciones y se da a nivel mundial: el 80% del capital accionario está controlado por el 2% de los accionistas. Esto no se produjo nunca antes en la historia y se ha visto favorecido por las sucesivas crisis y en especial por la austeridad.
Esto significa que en todo el mundo el poder económico está concentrado en un pequeño grupo de grandes oligarcas, – para utilizar el término que utilizan en occidente para referirse a los capitalistas rusos, como si ellos fueran monjas de clausura – y este grupo se reduce cada día más ante cada crisis económica. Esta realidad es incluso reconocida por algunos de los monjes principales de la economía, como por ejemplo Daron Acemoglu. (1)
Esta concentración del capital está en la base del mismo proceso a nivel político que se ha registrado en estos años, con una fuerte crisis de la democracia en todo el mundo. Se han debilitado las representaciones ciudadanas y populares y fortalecido los gobiernos «ejecutivos», en particular en Europa, pero también en Asia y en Rusia.
Este movimiento ha debilitado totalmente las instituciones democráticas y sobre todo socialdemocráticas del siglo XIX, pero ya no les alcanza ya comienzan a atacar incluso las instituciones liberaldemocráticas y los derechos civiles y políticos y este movimiento es la causa principal de la crisis de la democracia en el mundo, sobre todo occidental, incluyendo los EE.UU.
Para comprender la actual invasión de Rusia a Ucrania, que la lleva seis meses, hay que considerar además del choque entre naciones, el que se produce entre capitalistas, de un lado los Estados Unidos y los de la OTAN y del otro Rusia, a la que se ha sumado sin muchos reparos China, el gran país acreedor en el mundo actual. Acreedor como Estado y sus empresas. Es el mayor tenedor de deuda pública norteamericana junto con Japón.
(1) Kamer Daron Acemoglu es un economista turco que actualmente residente en Estados Unidos, donde es profesor de Economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y ganador de la Medalla John Bates Clark en 2005.? Es uno de los 10 economistas más citados en el mundo según IDEAS/RePEc. Su artículo más citado es «Orígenes coloniales del desarrollo comparativo» (2001). En 2011, publicó el libro Por qué fracasan los países, muy influyente en el debate sobre el crecimiento económico.
(*) Esteban Valenti. periodista, escritor, director de Bitácora (www.bitacora.com.uy) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es), de Other News (www.other-news.info/noticias). Coordinador general de IPS entre 1977 y 1984.
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