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Baja de la imputabilidad: la Iglesia insiste en la educación y el acompañamiento como alternativa

La Comisión Ejecutiva de la CEA solicitó que estas prioridades sean eje del debate y no queden relegadas frente a la lógica punitiva.
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En el marco de la conmemoración de san Juan Bosco —referente histórico en el trabajo con niños y jóvenes— la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina difundió un pronunciamiento titulado “Para los jóvenes, más educación, más comunidad”, en el que planteó la necesidad de ampliar la mirada del debate social y poner el foco en la educación, el acompañamiento y el fortalecimiento de los lazos comunitarios.

En el texto, el Episcopado alertó sobre los riesgos de reducir la discusión a una respuesta punitiva, al considerar que ese enfoque puede relegar políticas preventivas y educativas claves para comprender y abordar la situación de los menores. Al mismo tiempo, expresó su cercanía con las familias y comunidades atravesadas por hechos delictivos protagonizados por jóvenes, aunque remarcó que limitar el análisis a una variable puntual implica simplificar una problemática compleja que compromete a la familia, la escuela, la comunidad y el Estado.

Desde la Comisión Ejecutiva también señalaron que las estrategias de prevención más efectivas surgen del trabajo conjunto entre los distintos actores sociales y reafirmaron que la infancia y la juventud constituyen una “tierra sagrada donde Dios sigue sembrando futuro”.

El documento lleva la firma de monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y presidente de la Comisión; el cardenal Ángel Rossi SJ, arzobispo de Córdoba y vicepresidente primero; monseñor César Fernández, obispo de Jujuy y vicepresidente segundo; y monseñor Raúl Pizarro, obispo auxiliar de San Isidro y secretario general.

El comunicado

En la memoria de san Juan Bosco, padre y amigo de los niños y los jóvenes, como Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina deseamos compartir algunas reflexiones ante propuestas que presentan la baja de la edad de imputabilidad como única respuesta del Estado frente a situaciones dolorosas que conmueven a la sociedad.

Inspirados en el legado de Don Bosco, advertimos que centrar el debate casi exclusivamente en la pena suele dejar en segundo plano aquello realmente necesario: lo que previene, educa y acompaña.

La Iglesia está cercana al dolor desgarrador de las familias y comunidades víctimas de estos delitos; sin embargo, insistimos en que una discusión centrada únicamente en la edad de los menores involucrados corre el riesgo de simplificar una realidad mucho más compleja que interpela a la familia, a la escuela, a la comunidad y al Estado. El desafío es más amplio: pensar caminos que cuiden, eduquen y acompañen y no solo respuestas que llegan cuando el daño ya está hecho.

En marzo de 2025, la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina nos invitaba a hacernos preguntas que siguen plenamente vigentes: «Si se concreta la baja de la edad de imputabilidad, ¿dónde van a recluir a los menores? ¿Cuáles son los dispositivos apropiados en las provincias para alojar a adolescentes y jóvenes que delinquen? ¿Qué alternativas reales tenemos para ofrecerles, educarlos y reinsertarlos socialmente? Sabemos cómo es la realidad de los establecimientos penitenciarios. ¿En serio creemos que esa es la solución?»

Y concluía con una convicción que hoy reafirmamos: Es imprescindible un régimen penal juvenil y adolescente que tenga una mirada humana, integral y abierta a la esperanza.

La figura y el legado de san Juan Bosco iluminan con especial fuerza este camino. Él no negaba los conflictos ni idealizaba la realidad, pero con su sistema preventivo apostó a la presencia cercana y afectiva de los adultos, a la educación, al trabajo y a la vida comunitaria como caminos de realización plenamente humanos.

A la luz de su legado y de los 150 años de presencia salesiana en la Argentina, desde la Iglesia insistimos en una propuesta positiva: educar, acompañar y prevenir. El desafío es fortalecer políticas educativas y comunitarias que construyan futuro, más que debates que profundizan divisiones. En esta memoria de san Juan Bosco, reafirmamos que la verdadera prevención nace del cuidado compartido: de familias acompañadas, de comunidades comprometidas, de un Estado presente y de una sociedad que no se resigna a perder a sus niños y jóvenes.

Creemos y defendemos que la niñez y la juventud son tierra sagrada donde Dios sigue sembrando futuro. El querido Don Bosco siga intercediendo por nuestros niños y jóvenes, especialmente los más vulnerables.

Fuente: M1