La economía argentina enfrenta un escenario crítico de endeudamiento familiar. Los niveles de morosidad han escalado hasta alcanzar registros que no se veían desde hace 25 años, impulsados por la caída del poder adquisitivo y el encarecimiento del costo de vida. En este marco, tanto los bancos tradicionales como las billeteras digitales han pasado a la ofensiva con una «guerra contra la mora» basada en la tecnología y la prevención.
El monitoreo «uno a uno»: la respuesta privada
Para las entidades financieras, la clave ya no es cobrar la deuda una vez vencida, sino anticiparse. Mediante sistemas automatizados, los bancos realizan un monitoreo constante del comportamiento de cada cliente. «Hoy la tecnología permite detectar individualmente a clientes con dificultades», explicaron fuentes del sector privado, señalando que el objetivo es ofrecer refinanciaciones y extensión de plazos antes de que la deuda sea impagable.
Esta estrategia, sin embargo, se maneja con cautela. Las ofertas de tasas bajas o planes especiales no se comunican de forma masiva para evitar malestar entre los clientes que cumplen con sus pagos en tiempo y forma. Por su parte, la banca pública, liderada por el Banco Provincia y el Banco Nación, ha optado por programas de hasta 72 meses con condiciones atadas al nivel de ingresos de los deudores.
El rol de las fintech y el algoritmo
En el sector no bancario, donde la irregularidad trepó al 27%, las billeteras digitales como Mercado Pago están utilizando modelos de scoring que analizan miles de variables en tiempo real. Esta precisión permite ajustar el crédito a la capacidad real de pago, logrando una gestión de riesgo mucho más dinámica que la del sistema tradicional.
Debate en el Congreso y tensión regulatoria
El clima de tensión se traslada al ámbito político con el proyecto de ley “Segunda Oportunidad”, que propone una reestructuración de deudas con intervención del Estado. La iniciativa busca limitar las cuotas al 30% de los ingresos familiares y eliminar intereses por mora, algo que ha encendido las alarmas en los despachos bancarios.
«Cuanto menos se meta el gobierno, mejor. Los acuerdos entre privados funcionan mejor», advierten desde la banca, alertando que una regulación excesiva podría terminar siendo contraproducente. Según los analistas, si las reglas se endurecen demasiado, las entidades restringirán el crédito solo a los segmentos de menor riesgo, dejando fuera del sistema a millones de argentinos que hoy dependen del financiamiento para llegar a fin de mes.

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