El cambio climático no solo plantea desafíos para las grandes ciudades y los sistemas productivos, sino también para los ecosistemas y los recursos naturales. En ese contexto, el especialista en horticultura Nicolás Gentile sostiene que los árboles frutales pueden cumplir un papel fundamental en la lucha contra el calentamiento global.
Según explicó, el aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera se profundizó a partir de la Revolución Industrial, al mismo tiempo que avanzó la explotación de los recursos naturales y la pérdida de grandes superficies boscosas.
Gentile considera que una de las principales alternativas consiste en recuperar y ampliar la superficie destinada a especies frutales. En ese sentido, plantea que actualmente existen alrededor de 68 millones de hectáreas de frutales en el mundo, una superficie que, según sus investigaciones, debería crecer hasta alcanzar unas 600 millones de hectáreas durante las próximas décadas.
El especialista explicó que su propuesta surge de años de investigación y de un trabajo que comenzó a desarrollar hace más de una década, plasmado en su libro La horticultura en defensa del medio ambiente.
“La horticultura comprende las verduras, las legumbres y los frutales”, explicó Gentile, aunque remarcó que son estos últimos los que, a su criterio, deberían tener un protagonismo mayor dentro de las estrategias para enfrentar el cambio climático.
Para el investigador, los árboles frutales tienen una importante capacidad fotosintética y pueden contribuir a captar dióxido de carbono de la atmósfera. Su propuesta apunta a incorporar estas especies de manera progresiva, tanto en grandes superficies productivas como dentro de las propias ciudades.
¿Qué árboles pueden plantarse en Santiago?
Consultado sobre las especies que pueden adaptarse a las condiciones climáticas de Santiago del Estero, Gentile mencionó especialmente los cítricos y el olivo.
“Nuestras ciudades tienen que tener naranjos amargos, mandarinos Cleopatra, limones y también olivos”, sostuvo.
El especialista planteó además la posibilidad de aprovechar los espacios disponibles en los hogares para desarrollar pequeños huertos. Según su propuesta, estos espacios deberían priorizar la presencia de frutales, complementados con hortalizas destinadas al consumo familiar.
Gentile también destacó que el cambio climático tiene un impacto sistémico: afecta a los cultivos, los suelos, los continentes y los hielos polares. Por eso, consideró que las obras de infraestructura necesarias para enfrentar fenómenos como inundaciones o temperaturas extremas deben complementarse con acciones destinadas a atacar las causas del problema.
En ese sentido, sostuvo que la recuperación de la cobertura vegetal también puede favorecer la infiltración del agua en los suelos y ayudar a reducir algunos de los efectos de las precipitaciones intensas.
Para el especialista, el desafío requiere una planificación de largo plazo y una incorporación progresiva de árboles frutales. Su propuesta apunta a que la horticultura deje de ser vista únicamente como una actividad productiva y pase a ocupar un lugar estratégico dentro de las políticas ambientales.
“Las consecuencias se pueden atender con infraestructura, pero las causas hay que atacarlas colocando árboles frutales”, resumió Gentile.

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