La exposición de la vida privada de las celebridades volvió a quedar bajo la lupa a partir de la situación que atravesó la familia de Lionel Messi. La difusión de imágenes y contenidos vinculados a un momento de profundo dolor generó un importante rechazo en redes sociales y abrió nuevamente el debate sobre los límites entre el derecho a la información y el derecho a la intimidad.
En diálogo con Radio Exclusiva, el profesor Omar Layús analizó el fenómeno y explicó que, cuando se trata de figuras públicas, las audiencias construyen con el paso del tiempo una suerte de vínculo parasocial con esas personalidades.
“Cuando se trata de personalidades, lo que se conoce como la gente, las personas famosas, personalidades que son celebridades de acuerdo a las profesiones o a las disciplinas en las que se desempeñan, vamos construyendo con el paso del tiempo una suerte de vínculo parasocial o un vínculo emocional”, señaló Layús.
Según explicó, ese vínculo puede convertirse en un factor que favorece determinadas formas de cobertura periodística, especialmente cuando se busca mostrar aspectos íntimos de la vida de una celebridad.
La necesidad de exhibir a una figura pública atravesando un momento de sufrimiento, llorando o enfrentando una situación familiar difícil puede terminar vulnerando espacios que pertenecen exclusivamente a la persona y su entorno.
En ese sentido, Layús cuestionó la denominada espectacularización de la noticia, al considerar que muchas veces ese tipo de contenidos no aporta un valor informativo real, sino que transforma el sufrimiento en una mercancía destinada a conseguir clics, visualizaciones y métricas.
El caso Messi y el rechazo en redes
La situación adquirió una particular dimensión por tratarse de Lionel Messi, una figura que mantiene una relación muy estrecha con su familia y que, en sus apariciones públicas, suele hacer referencia a sus vínculos familiares y a los valores con los que fue criado.
Para Layús, ese aspecto también puede explicar el fuerte rechazo que generó la exposición de determinados momentos de intimidad relacionados con el futbolista y su familia.
A esto se suma el fenómeno conocido como FOMO (Fear of Missing Out), es decir, el miedo a perderse algo. Las audiencias buscan constantemente la fotografía, el video o la información que les permita no quedar afuera de un acontecimiento que consideran relevante.
“Buscar o meterse, sumergirse en la mecánica de buscar información o de buscar la foto, buscar el video, para no perderse la noticia o para no perderse la imagen de ver al ídolo deportivo llorando, pasando un momento de intimidad”, explicó.
La consecuencia es una carrera permanente por conseguir el contenido antes que los demás, incluso cuando ese contenido involucra momentos de profunda intimidad.
El límite entre información e intimidad
El caso también plantea una pregunta central para el ejercicio del periodismo: ¿hasta dónde llega el derecho a la información y dónde comienza el derecho a la intimidad?
Para Layús, la discusión no debería limitarse solamente a señalar qué medio o periodista actuó correctamente o incorrectamente, sino que también requiere pensar qué tipo de contenidos se les está entregando a las audiencias y qué impacto tienen en la construcción de opiniones.
“Los medios de comunicación, sin duda, ya sea los medios tradicionales o las redes, siguen siendo referencias informativas para las audiencias, por lo que debemos hacer ejercer una cierta responsabilidad a la hora de difundir o de trascender ciertos mensajes”, sostuvo.
En este punto, el docente remarcó la importancia de la profesionalización y la formación de quienes trabajan en los medios de comunicación.
Recordó que la ética periodística forma parte de la formación profesional, aunque en muchas ocasiones esos principios pueden quedar relegados frente a las exigencias de los medios o a la búsqueda de determinados resultados.
Streaming, rumores y posverdad
El debate también alcanza a los nuevos formatos de comunicación, particularmente a los canales de streaming y espacios digitales donde no necesariamente quienes generan contenidos cuentan con formación específica en periodismo o comunicación.
Según Layús, esto puede favorecer la circulación de rumores, la falta de chequeo de información y la ausencia de un adecuado cruce de fuentes antes de publicar determinados contenidos.
“Muchas veces corren este tipo de riesgos: no se chequean las informaciones, no se cruzan fuentes, empiezan a cobrar cuerpo los rumores”, explicó.
En un contexto atravesado por la denominada posverdad, los hechos pueden quedar relegados frente al impacto emocional que una determinada información genera en las audiencias.
El resultado puede ser la rápida circulación de noticias falsas que, cuando involucran a personas conocidas, terminan afectando directamente su intimidad y la de su entorno familiar.
Por eso, el desafío para el periodismo y para las nuevas formas de comunicación parece estar en encontrar un equilibrio entre el interés público y el respeto por la vida privada.
En definitiva, el caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión fundamental: no todo lo que despierta interés público necesariamente debe ser expuesto, y no todo aquello que puede generar clics tiene verdadero valor periodístico.

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