La presencia de la chicharrita del maíz genera preocupación entre los productores de Santiago del Estero, al punto de que algunos ya evalúan reducir la superficie destinada al cultivo y apostar por alternativas como el sorgo.
El ingeniero Matías Romaní, investigador y técnico del área de Producción Vegetal del INTA Santiago del Estero, explicó que actualmente se realizan monitoreos permanentes para conocer el comportamiento de la plaga y anticiparse a posibles daños.
Romaní señaló que durante esta época del año normalmente la población de chicharrita disminuye considerablemente debido a las bajas temperaturas, las heladas, la falta de humedad y la ausencia de maíz durante el invierno. Sin embargo, advirtió que las condiciones registradas este año permitieron la supervivencia de plantas de maíz voluntarias, conocidas como “maíz guacho”, que favorecen la permanencia de la plaga.
“Donde haya maíz, está”, explicó el especialista, al remarcar que la chicharrita puede encontrarse en cualquier región del país donde exista el cultivo. Además, recordó que la plaga se alimenta y reproduce exclusivamente en maíz.
Uno de los principales antecedentes que genera preocupación es lo ocurrido durante la campaña 2024, cuando el impacto de la chicharrita y las enfermedades que transmite provocó importantes pérdidas productivas en la provincia. Según Romaní, en Santiago del Estero llegó a perderse aproximadamente la mitad del maíz sembrado, con fuertes consecuencias económicas para el sector.
La prevención, una herramienta clave
Frente a este escenario, el especialista descartó que la solución sea dejar de sembrar maíz. Por el contrario, sostuvo que el camino pasa por adaptar las estrategias productivas.
“La solución es el manejo, es la genética, el monitoreo y las aplicaciones indicadas en el momento indicado”, explicó Romaní.
En ese sentido, recomendó eliminar el maíz guacho durante el invierno, realizar un seguimiento permanente de la población de chicharritas y seleccionar materiales genéticos que permitan afrontar mejor las condiciones de cada campaña.
También planteó la posibilidad de adelantar las fechas de siembra para evitar los períodos de mayor presión de la plaga. En Santiago del Estero, además, existen materiales de maíz tropicales que pueden ser considerados dentro de las estrategias de manejo.
Romaní destacó que Brasil convive desde hace años con esta problemática y continúa produciendo maíz, lo que demuestra que la presencia de la plaga no implica necesariamente abandonar el cultivo.
El sorgo aparece como alternativa
Ante la incertidumbre, algunos productores analizan reemplazar parte del maíz por sorgo. Sin embargo, el investigador aclaró que no se trata de cultivos equivalentes y que el sorgo requiere un manejo diferente.
En particular, explicó que presenta diferencias en materia de control de malezas, genética y cosecha, por lo que la decisión de sustituir un cultivo por otro debe evaluarse de acuerdo con las necesidades y características de cada establecimiento.
Pese a la preocupación, las perspectivas para la próxima campaña continúan siendo positivas debido al contexto de los precios internacionales y al buen momento de la actividad ganadera.
Para Romaní, la principal diferencia respecto de la campaña 2024 es que el sector ya no enfrenta el problema de manera desprevenida. El monitoreo, la prevención y una planificación adecuada permitirán tomar decisiones con mayor anticipación y reducir el riesgo de que la chicharrita vuelva a provocar pérdidas de la magnitud registrada años atrás.

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