5 de julio de 2026

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[Audio] Uso y abuso de las pantallas

Por Pablo Argañarás, Lic. en Cine y Televisión
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Hoy todo pasa por la imagen.  Las pantallas nos invadieron.  De mayor o menor tamaño, amuradas, móviles, táctiles, estamos rodeados de pantallas que destellan imágenes constantemente.  Estar al margen de su consumo y visualización es casi una tarea imposible.

Desde mirar televisión o una película en el cine, charlar con alguien por alguna aplicación del teléfono celular o trabajar en una PC.  Todo o casi la mayor parte de los dispositivos poseen pantallas en donde podremos enterarnos de diferente tipo de información.  Tanta exposición y bombardeo necesita un descanso.  Deberíamos hacer y ejercitar un “ayuno” de imágenes en dispositivos unas horas al día.  Poder tener una distancia sana para poder pensar y pensarnos. 

Las imágenes nos distraen, entretienen, informan, instruyen y muchas veces nos acompañan.  Las pantallas funcionan así como una especie de placebo que nos hace estar creyendo que experimentamos cosas cuando en realidad no lo vivenciamos.  La socialización persona a persona, cara a cara, la interacción presencial es lo que da sentido y completa la experiencia. 

Bienvenidas sean todas las innovaciones tecnológicas, el avance y progreso.  Detenerse a pensar los correctos usos de los dispositivos que usamos es parte de ello.  No utilizarlos porque si, sino con un fundamento lógico.  Que el criterio de empleo de las nuevas tecnologías no sea la moda o el facilismo.  Que esté sustentado en el crecimiento del usuario en algún sentido, que sea de su provecho.

La historia de la humanidad nos da pruebas cabales de que la combinación de la inteligencia humana con herramientas que faciliten los trabajos nos llevó por caminos sorprendentes.  También nos demostraron en otros casos que la mala utilización de las invenciones, cuando no se fundamenta en la ética y el bien común como especie dan como resultado sucesos catastróficos.  El peor enemigo del hombre siempre fue, es y será el hombre mismo.

Dar el correcto uso a cada herramienta es necesario.  Por lo general incorporamos las mismas y las utilizamos para cualquier razón de ser por más banal que sea.  Utilizar una aplicación de video llamada para hablar y verse las caras con un pariente que vive en otra ciudad o país me parece maravilloso.  Ahora utilizar esta herramienta para hablar con personas dentro de la misma casa o del mismo barrio me parece un mal empleo de la misma.  Las herramientas en definitiva son eso, instrumentos que nos facilitan tales o cuales cosas.  Según el uso que le demos estará el sentido de su aprovechamiento. 

Recuerdo una escena de una película italiana “Stanno Tutti Bene” del gran director Giuseppe Tornatore, en donde una madre harta de los berrinches de su bebé lo sienta en frente de la ventana del lavarropas.  Allí el niño al ver girar las prendas de vestir de diferentes colores se entretenía y se quedaba absorto sin emitir sonido alguno, para la tranquilidad de su madre.  Esta escena simboliza a la perfección el uso que le damos a la televisión, juegos y aplicaciones de celulares, la del tan mentado “chupete electrónico”.  La saciedad de la dopamina inmediata en el cerebro causada por el placer inmediato.  Y la consabida dependencia posterior a ello.

La procrastinación o la dilación en la ejecución de tareas útiles y necesarias reemplazándolas por consumos innecesarios y ociosos fueron en pandemia una de las épocas en donde el boom de esto se multiplicó.  Personas que estaban horas con el celular, el televisor o la computadora haciendo cualquier tarea, juego  o pasatiempo  sin sentido alguno, en lugar de efectuar las tareas realmente necesarias e importantes.  Estamos en tiempos en donde todo el mundo procrastina con sus teléfonos celulares en redes sociales por ejemplo.  Súper informados y conectados sin saber el sentido alguno de estarlo más que el chisme por el chisme mismo.

Poder tomarnos un tiempo para pensar y planificar nuestras tareas y la optimización del día a día sería lo ideal.  No ir tras lo urgente en desmedro de lo importante.  Parar un poco la pelota y ver qué es lo que estamos haciendo por inercia o compulsivamente en nuestras vidas.  Pensarnos y vivir en pos de nuestros deseos y anhelos.  Cortar las dependencias de todo sentido y liberarnos de todo aquello que nos hace mal.  Tener la capacidad de poder apagar todas las pantallas y en medio de la paz poder meditar y filosofar.  Tareas tan en desuso en este nuevo siglo.