Gerardo Romano protagonizó una escena que fue catalogada con el mejor insulto de la ficción. En su personaje de Antín, un director penitenciario corrupto, el actor discute con Rodolfo Ranni y se despacha con una buena frase al estilo argentina.
Luego, en otro capítulo, agrega: “¿A mí qué carajo me importa el país? Me importo yo, mi patrimonio, mi guita, mi laburo”.
Sobre su personaje, Romano aseguró en una entrevista: “Antín tiene una linda casa, una linda esposa, hace lo que quiere, no siente contradicciones. Fundamentalmente, no siente culpa, y eso es lo que más alivia la conciencia de quien anda por caminos malhabidos”.

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