Estuvo presa 11 años por un crimen que no cometió, en diciembre del año pasado, la Corte Suprema la absolvió y dejó sin efecto la condena. “Me sacaron parte de mi juventud”, había dicho en una entrevista con Página 12 en ese entonces. Esta semana la encontraron sin vida en su casa después de que dejara de responder a mensajes y llamados.
En la cárcel la visitó Norita Cortiñas y hasta se hizo una película con su historia. En la sentencia de 2001, los jueces Marcela Leiva, Selva Zuetta y Fernando Verón habían hecho un despliegue de prejuicios en su contra: aseguraban que llevaba “un estilo de vida promiscuo” y que “cometía delitos contra la propiedad privada con el fin de adquirir estupefacientes y satisfacer adicciones”.
Cristina estaba segura de que su condena era por ser mujer y por ser pobre. Su nombre se transformó en pedido urgente de la aplicación real de la perspectiva de género en los tribunales.

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