En una emotiva y profunda entrevista concedida a Radio Exclusiva, la reconocida activista social Margarita Barrientos repasó la historia de su obra comunitaria al cumplirse tres décadas desde que comenzó a tender una mano a los sectores más vulnerables. Con una notable evolución que refleja tanto el esfuerzo como el crecimiento de la demanda social, Barrientos contrastó aquellos primeros pasos con la impactante realidad que maneja en la actualidad.
«Este año va a ser exactamente 30 años que venimos trabajando. Empezamos en un asentamiento de Villa Soldati con 15 niñitos y un abuelo. Hoy damos de comer a más de 10.000 personas por día, tanto acá en Buenos Aires como en Añatuya», relató Margarita, rememorando los inicios de la fundación en el año 1996, en un sector que por aquel entonces no tenía nombre y que con el tiempo se transformó en el actual barrio de Los Piletones.
Durante la charla radial, recordó que en esa época el asentamiento estaba conformado por unas pocas familias, muchas de ellas migrantes del interior del país que llegaban en busca de trabajo. La iniciativa de cocinar nació de manera muy precaria, compartiendo mate cocido, tortillas y tortas fritas junto a su fallecido esposo, Isidro, y un vecino chileno apodado «Don Silva», sumando luego la invalorable ayuda de otras mujeres del vecindario como Sarita, Miriam y Petrona.
Al ser consultada sobre las diferencias entre la crisis de mediados de los 90 y el contexto actual de este año 2026, la referente social analizó las idas y vueltas de la realidad nacional. «Son vivencias muy distintas. La gente creció, hizo muchas cosas, subió y bajó. Esto es como la economía: sube, baja, estamos indecisos, se pierde el trabajo, pero la gente sigue», reflexionó. Sin embargo, no ocultó la complejidad del escenario presente: «En este momento estamos en un momento difícil, como nos toca vivir año tras año. En el invierno, en los comienzos de clases o a fin de año, en diciembre, son los tiempos en que más golpea la necesidad».
Finalmente, Margarita Barrientos ponderó el espíritu solidario de la comunidad para mantener en pie una estructura que hoy incluye no solo comedores, sino también un jardín de infantes y un hogar de ancianos en la provincia. «Los argentinos de por sí somos muy solidarios. Vos salís en un medio, pedís ayuda y te llueven las colaboraciones. Gracias a eso mantengo todavía el comedor de Añatuya, porque la gente conoce lo que hacemos y responde siempre», concluyó de manera agradecida.

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