En el marco de las celebraciones por el Día de la Independencia, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, encabezó el tradicional Tedeum del 9 de Julio en la Catedral Metropolitana. Ante la mirada del presidente Javier Milei, la vicepresidenta Victoria Villarruel y la plana mayor del Gobierno nacional, el líder religioso pronunció un encendido discurso que combinó severos cuestionamientos a la dirigencia con un ferviente llamado a la cohesión social.
El eje central de la homilía estuvo marcado por la ética y la transparencia. Sin hacer distinciones de banderas partidarias, García Cuerva apuntó con firmeza contra quienes se enriquecen ilícitamente a expensas de la sociedad. «Esto no es cuestión de ser de tal o cual partido político o gobierno de turno; es cuestión de ser o no honesto y transparente», enfatizó, alertando sobre aquellos que se refugian en «cuevas de corrupción» y provocan de forma directa que «los pobres sean cada vez más pobres».
El reclamo por los vulnerables y el paralelismo mundialista
Otro de los puntos más críticos de la alocución estuvo dedicado a la situación social y económica. El arzobispo instó a la comunidad a dejar de juzgar a los sectores postergados y reclamó empatía real:
»No hay que pedirles ‘antecedentes de pobre’, como preguntándoles desde cuándo están viviendo esa difícil situación. Ya todos sabemos, con sinceridad, que esta realidad no es nueva y duele hace años».
Aprovechando el contexto del Mundial de Fútbol que mantiene en vilo al país, el prelado utilizó el fervor deportivo para trazar una analogía sobre el trabajo en equipo que necesita la Argentina. En un tramo que causó fuerte impacto, invitó a los ciudadanos y dirigentes a «seguir con la camiseta puesta» y citó textualmente una publicación de Lionel Messi tras la consagración en Qatar: ‘Demostramos una vez más que los argentinos, cuando luchamos juntos y unidos, somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades’.
Hacia el cierre de la ceremonia litúrgica, García Cuerva apeló a la «templanza del diálogo» y a una «honestidad innegociable» como herramientas indispensables para sanar las heridas que sufre el tejido social. La ceremonia concluyó bajo una fuerte consigna eclesiástica: «La Argentina necesita de todos, porque nadie es descartable».

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