La localidad de Sacha Pozo (departamento Banda) se convirtió una vez más en el epicentro de una de las muestras de fe popular más convocantes y arraigadas de Santiago del Estero: la festividad en honor a Nuestro Señor de San Gil.
Las actividades oficiales dieron inicio con el tradicional velatorio y la vigilia de la imagen en la capilla del paraje, donde los promesantes se reunieron para rezar, cantar alabanzas y preparar el espíritu de cara a la masiva caminata.
El recorrido y la devoción en movimiento
La gran columna de peregrinos, que avanza a pie y a caballo cumpliendo promesas, partió a las 06:00 horas rumbo a la ciudad Capital. El itinerario contempla el paso por distintos puntos emblemáticos:
- Ingreso a La Banda: Cruzando por sectores tradicionales de la Cuna de Poetas y Cantores.
- Cruce del Río Dulce: El paso por el histórico puente que conecta ambas ciudades vecinas alrededor del mediodía.
- Destino final: Arribo estimado a la Parroquia San Roque en Santiago del Estero Capital, donde la comunidad y las autoridades religiosas reciben al santo para impartir la bendición a los caminantes.
Esta celebración —cuyos antecedentes superan el siglo de historia y son resguardados por la tradicional familia Hoyos de Cobacho— conjuga el fervor católico con elementos de la cultura ancestral santiagueña. Lejos de reducirse a un simple traslado físico, la peregrinación se consolida año a año como un espacio de encuentro, memoria y dignidad donde miles de devotos renuevan su esperanza.
«La marcha es una forma de dignidad, una manera de transformar la fe en movimiento y de convertir la esperanza en gesto», destacaron desde la organización eclesial sobre esta vivencia espiritual que continuará desarrollándose con misas y homenajes centrales durante los primeros días de septiembre.
La llegada de la sagrada imagen de San Gil (San Egidio Abad) a Santiago del Estero está envuelta en una historia de tradición oral, misticismo y un fuerte legado familiar que supera el siglo de existencia.
El origen de la custodia: La familia Hoyos de Cobacho
La devoción tal como se conoce hoy en el paraje Sacha Pozo (departamento Banda) es custodiada y transmitida de generación en generación por la familia Hoyos de Cobacho. Su rol como depositarios exclusivos del santo es el eje sobre el cual gira toda la festividad.
¿Cómo llegó la imagen?
Según relata la memoria popular transmitida por los antepasados:
- El legado del ermitaño: La figura original llegó a manos de un antepasado de la familia llamado Crisóstomo Hoyos.
- Juan Gil Gutiérrez: La historia cuenta que un hombre solitario o ermitaño llamado de esa manera le entregó la imagen a Crisóstomo antes de partir de Sacha Pozo.
- El propósito: Al dejarle la figura, el hombre le indicó que ese paraje santiagueño debía ser su hogar definitivo y le encomendó la misión de preservar su culto. Desde entonces, el linaje familiar asumió la responsabilidad de cuidar, vestir y abrir las puertas de su casa para recibir a los promesantes cada año.
Del viejo continente al monte santiagueño
La figura de San Gil —un ermitaño de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII en Francia y cuyos restos y fama de milagroso se expandieron por Europa (llegando a ser considerado uno de los «14 santos auxiliares»)— arraigó profundamente en el sincretismo religioso del monte santiagueño.
La forma en que la pequeña imagen atravesó el Atlántico y llegó al interior profundo de Santiago del Estero se funde con las corrientes de colonización y la fe popular, transformándose en una de las manifestaciones espirituales más singulares de la región, donde la promesa, la caminata de promesantes y la hospitalidad familiar son los pilares que mantienen viva la historia.

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