Por Martin Aguirre.
Pero hay comparaciones peores y no las solemos hacer. Miremos el mapa de la inversión en investigación y desarrollo por provincia. Los números son de 2014 (Ver Gráfico I). Y por una razón. Habría sido el mejor año disponible, para mostrar lo peor.
Gráfico I. Inversión en investigación y desarrollo por provincia. Argentina, 2014, en millones de pesos corrientes.

Fuente: elaboración propia sobre Indicadores de inversión en I+D, Sistema integrado de indicadores, Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología.
Las cinco primeras jurisdicciones —CABA, Buenos Aires, Córdoba, Río Negro y Santa Fe— reunieron el 80,4 % de toda la inversión en I+D del país.
Pero el dato que corta la respiración es otro: las cuatro últimas sumaron en conjunto sólo el 1,4 % del total nacional. Saquen ustdes -y asuman la afrenta- la relación entre las dos primeras y la última jurisdicción. Y recuerden, es la del mejor año.
No es que ahí vive más gente
Es la objeción previsible, y hay que contestarla de frente. Las cuatro mayores jurisdicciones del país —CABA y las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe— reúnen alrededor del 60 % de la población y cerca del 70 % del producto bruto, pero una porción todavía mayor de la inversión en I+D ejecutada en todo el país. La ciencia argentina no sigue al mapa demográfico ni al económico: los empeora.
Y conviene decir algo con precisión: no es que la provincia de Buenos Aires invierta muchísimo más. Es el país el que invierte muchísimo menos en Formosa o en Tierra del Fuego, Antártida e Islas de Atlántico Sur. Pues ese dinero es en su mayor parte público -como el CONICET, las universidades, la CNEA, el INTA—, de modo que esa foto no se explica por la desidia de las provincias sino, en buena medida, por las decisiones del centro.
Río Negro lo prueba por el lado luminoso: estaba cuarta porque están Bariloche, la CNEA y el INVAP2. Donde hubo decisión nacional de instalar capacidad, hubo capacidad. Donde no la hubo, difícilmente la habrá.
Porque detrás de la palabra “ciencia” – como en industria- hay sueldos y familias, becas que sostienen a alguien de veinticinco años, laboratorios y equipos, personal de apoyo, agua analizada, suelos medidos, enfermedades detectadas, semillas que resisten una sequía, una universidad que le da un plus a una ciudad chica, oficios que se transmiten, proveedores locales, saberes que tardan treinta años en acumularse (y una tarde en dispersarse), ciudadanas y ciudadanos que entienden la tierra en donde viven. Cultura y Soberanía.
Figura II. Localización de empresas que realizaron I+D, 2020

Fuente: CEPAL (2023: 22), sobre datos de la ESID 2020 (DNIC, 2022).
Lo único que se decide
La inversión privada en investigación tiene en nuestro país dos rasgos que importan. Es baja para lo que el escenario global exige. Y está fuertemente concentrada: ocho de cada diez pesos que destinan a innovación provienen de firmas de la región pampeana, la Ciudad y el Gran Buenos Aires3. Nadie razonable espera -como regla- que una firma funde un laboratorio en Santiago del Estero por convicción federal.
Precisamente por eso, dado que cerca de seis de cada diez pesos de investigación son decisión pública, importa dónde pone el dinero el Estado nacional. Esa es la inversión que puede elegir deliberadamente su geografía: no responde al mercado, responde a qué visión de país se tiene. En gran parte de nuestra geografía, esta inversión estatal es casi la única que hay en ciencia4.
Ahí está el punto, y no es tan sólo de reparto sino de criterio. Pocas herramientas pesan tanto, en un país que todavía no terminó de integrar su propio territorio, como decidir dónde se instala la capacidad científica.
Y es exactamente ahí donde la Argentina hace lo contrario de lo que hacen los países que miran hacia arriba. En otras latitudes, las regiones menos desarrolladas también quedan atrás en inversión privada: eso es universal. Pero la inversión pública es empleada, en mayor medida, para reducir las diferencias. En la Argentina no: la inversión pública ha tendido históricamente a reproducir el mismo patrón de concentración en lugar de corregirlo.
Una anomalía llamada 2014
2014 fue el año más equitativo de la serie y aun así CABA y Buenos Aires se llevaron el 55,8 %. En 2024 dicha concentración escaló al 67,8%.
Gráfico III. Participación en la inversión nacional en I+D. Argentina, siete relevamientos, 2007-2024. La línea une observaciones, no años: los relevamientos son irregulares y entre corte y corte no hay datos intermedios.

Fuente: elaboración propia sobre Indicadores CTI, Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología.
Doce puntos. Pero como las participaciones suman cien, lo que un bloque gana el otro lo pierde, y la distancia entre los dos distritos y las veintidós jurisdicciones restantes se triplicó en una década5. No hace falta ninguna política adversa contra el interior: alcanza con que el Estado se retire para que la brecha se abra sola. El retiro del Estado no es neutral en el espacio. Nunca lo fue.
La periferia de la periferia, doble injusticia
La ciencia tiene umbrales. Un instituto, un laboratorio, una masa crítica de investigadores no se sostienen con una fracción proporcional del presupuesto: o se alcanza el umbral o no se alcanza. Por debajo de él, pueden generar ilusión, pero lo invertido se desperdicia en subsidios sueltos. Peor todavía: ese umbral no es fijo. Cuanto menos desarrollado es el sistema local, más alto es el listón que hay que saltar para que la inversión rinda.
El capital privado no suele cruzar -y menos en nuestras condiciones- un umbral que no encuentre ya cruzado; llega después, cuando la masa crítica existe. El Estado, en cambio, puede hacerlo. Y sino, desde afuera se llevan los recursos humanos o se apropian de los resultados.
Mientras tanto, el círculo se cierra solo. Las jurisdicciones que superan el umbral generan más capacidades, atraen más talento, producen más y tienen más recursos para seguir invirtiendo.
Las que no lo alcanzan se quedan sin científicos, sin laboratorios, sin empresas de base tecnológica. CABA, el Gran Buenos Aires y el Gran La Plata —en torno al 0,20 % de nuestra superficie total— reuniría el 40% de investigadores y becarios del CONICET, según el relevamiento de 20246.
Y se cierra también por una vía que no aparece en ningún gráfico. Un estudio sobre la composición territorial de las comisiones del CONICET identificó, en particular, situaciones de subrepresentación en provincias como Formosa, La Rioja, Santiago del Estero y Catamarca. Es el efecto Mateo aplicado al territorio7.
Y no se trata de desvestir santos
Cambiar esto no es una utopía: es algo que ya se midió. En 2022, el programa Equipar Ciencia adjudicó ciento sesenta y siete equipos científicos repartidos entre las veinticuatro jurisdicciones. La Ciudad y la provincia de Buenos Aires junto con Córdoba y Santa Fe no llegan a la mitad de su peso en el sistema. Y en muchas provincias, esas adquisiciones duplicaron o más que duplicaron el equipamiento disponible8.
Falta dinero —ahí está el nudo—, pero herramientas para federalizar existen9. La solución no es la lucha por una torta que se achica y desvestir santos. Una meta del 1 o 1,5% del PBI en I+D es razonable para romper el impasse, aunque exige que todas las jurisdicciones, todos los sectores —públicos y privados— e instituciones inviertan mucho más que ahora.
Primero, hace falta la voluntad política de impulsar la I+D en partidas presupuestarias crecientes y distribuirlas bajo una estrategia decididamente federal.
Pero con igual intensidad, es necesario el compromiso expreso en hacer propio un proyecto de desarrollo asentado en las ventajas dinámicas -principal tractor de la ciencia y tecnología- con tasas de crecimiento económico considerables y duraderas. Sin crecimiento, las dos primeras condiciones no bastan10.
Una sociedad decide su destino si genera conocimiento. Lo demás es administrar decisiones ajenas. Si eso es cierto, no podemos tener dos países: uno que decide y otro que asiste. Cada peso que el Estado no pone donde el mercado no va es una capacidad que no existirá; una chica o chico de Catamarca o Santa Cruz que estudia cinco años para descubrir que su provincia no podrá contenerlo.
El mapa de la ciencia argentina también revela nuestra desintegración. Si no se federaliza, la ciencia argentina no será soberana: será el privilegio de unos pocos, en unas pocas ciudades, para unos pocos problemas, y sin aportar al cambio de estructuras. En fin. Una nueva Torre de Marfil.
| 981.905 / 3.545= 277 a 1 (981.905+963.634) / 3.545= 549 a 1 | ||
| 2024- inversión en I+D por jurisdicción. Recursos financieros destinados a I+D en cada una de las provincias seleccionadas | ||
| Jurisdicción | Monto | % del total Nacional |
| Ciudad de Buenos Aires | 981.905 | 34,23 % |
| Provincia de Buenos Aires | 963.634 | 33, 60% |
| Provincia de Formosa | 3.545 | 0,124 % |
| Total país | 2.868.304 | 100% |
| Fuente: Elaboración propia sobre la base de: https://www.argentina.gob.ar/ciencia/indicadores-cti/datasets | ||
Fuente yahoraque.com.ar

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