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La primera visita del gobierno de Boric a la zona mapuche fue recibida con tiros al aire

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En el segundo día hábil del nuevo gobierno progresista de Gabriel Boric, ya sucedió la primera crisis. Y nada menos que en la comunidad de Temucuicui, situada en Ercilla en pleno Wallmapu a unas 10 horas de Santiago. Una zona militarizada durante el gobierno saliente de Sebastián Piñera bajo el nombre de “Macro Zona Sur”. El plan de la visita de la Ministra del Interior, Izkia Siches a Temuco, capital de la Araucanía, era reunirse con Marcelo Catrillanca, padre de Camilo Catrillanca, comunero mapuche brutalmente asesinado por la espalda en 2018 por esta misma policía militarizada en un hecho que no sólo conmovió al país sino que, para muchos, fue la mecha que incendió el descontento que explotaría durante el Estallido Social del 19 de octubre del año siguiente. 

A eso de las 10:00, la caravana de Siches fue interrumpida por un auto en llamas que cortaba la ruta, junto a gritos y decenas de disparos al aire que rebotaban entre los miles de pinos sembrados por las grandes empresas forestales. Algo que obligó a la ministra, que viajaba en un auto sin blindaje y sin mayores despliegues de seguridad (justamente para dar una señal opuesta a la del gobierno saliente), a refugiarse en la subcomisaría de Ercilla.

Aunque no fue un enfrentamiento ni nada parecido, fue un acto de hostilidad que, según Catrillanca respondía a una visita “muy improvisada”. Aunque el gobierno intentaba manejar esta crisis desde Santiago apelando a la fortaleza de la funcionaria (“Quien crea que puede intimidar a la ministra Siches, está equivocado”, diría la vocera Camila Vallejo), antes que la ministra pudiera ofrecer un punto de prensa, rápidamente se dio a conocer el video del “ataque” generando todo tipo de especulaciones en redes sociales, entre ellas que esto podría ser el ataque de grupos ultraderechistas de la zona coordinado con la policía.

De hecho, la diputada comunista Karol Cariola —compañera de partido de Vallejo—fue de las primeras en reconocer que “Acá hubo evidentemente situaciones que no se previeron”. Los conocedores de la zona —incluyendo los mismos carabineros— saben que internarse en territorio mapuche no es llegar nomás y hay ciertos protocolos que requieren ciertas sutilezas como por ejemplo, invitar a la comunidad con antipación, sin avisarlo por los medios como sucedió en este caso. Tampoco sirve agitar banderas mapuche como si fuera un evento en Santiago, algo que hizo uno de los miembros de la caravana, intentando que les abrieran el paso.

«Fuera forestales»

Fueron los medios alternativos, como Werkén Noticias — periódico electrónico mapuche— quienes mostraron un lienzo donde la comunidad de Temucuicui rechazaban la visita de los representantes de Boric a la zona. “Mientras existan presos políticos mapuches no habrá diálogo. Por Camilo Katrillanka (sic) y todos los caídos en combate en Wallmapu, no aceptaremos ningún $oborno de un E$tado asesino. Fuera forestales, latifundio. No más militarización. Resistencia mapuche”, rezaba. El mismo medio difundió una imagen de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco) donde explicitaban que “No vamos a negociar ni a tranzar con el enemigo histórico”.

Aunque evidentemente este rechazo a sentarse a hablar no es una postura compartida por la totalidad del pueblo mapuche, sí constituye un duro golpe de realidad frente a un gobierno que esperaba dar una señal de apertura a dialogar ya desde sus primeros días de instalación. Después de todo, gobiernos recientes de centroizquierda como los de Bachelet prometieron mucho y terminaron fortaleciendo a la industria extractivista que tanto daño ha hecho a la zona.

En su punto de prensa, Siches diría a los medios que no escuchó nada, sólo el choque del vehículo en que se trasladaba al intentar retroceder. “Me sentí tranquila, obviamente en un contexto complejo”, aseguró. Finalmente logró reunirse con Catrillanca y subiendo fotos a las redes sociales, intentando bajarle el perfil a la situación. En twitter escribió que “la violencia no nos detendrá”. Una postura, compartida por el gobierno pero que fue también aprovechada, obviamente por la oposición, incluyendo al candidato perdedor de las elecciones José Antonio Kast pidiendo que se mantenga el Estado de Excepción que Piñera logró extender antes de dejar el gobierno y que durará hasta el 26 de marzo.

Si bien nadie resultó herido, este acto es una respuesta a la señal que desde el gobierno buscaba entregar en una zona donde campea la ultraderecha y al mismo tiempo, los grupos más radicalizados del pueblo mapuche intentan recuperar sus tierras milenarias, sobreexplotadas. Siches prometió volver y en el gobierno se evalúa de qué manera encontrar la paz en la zona, porque con este tipo de gestos al parecer no funcionó.