La reciente noticia sobre la comercialización de carne de burro en Chubut abrió el debate sobre la seguridad alimentaria y los hábitos de consumo en Argentina. En diálogo con este medio, la licenciada en nutrición Eliana Tévez sostuvo que el consumo de este tipo de carne no resulta sorprendente, pero sí genera preocupación la falta de controles adecuados.
“No me sorprende el consumo porque podemos consumir todo tipo de carne. Lo que sí me sorprende es que se comercialice carne que no haya pasado por inspecciones previas, lo cual es clave para garantizar la seguridad alimentaria tanto del consumidor como del animal”, explicó.
Tévez remarcó que la carne equina —categoría en la que se incluye la de burro— es consumida en distintos países como Italia y China, donde su producción y comercialización están debidamente reguladas. Sin embargo, en Argentina no forma parte de los hábitos alimentarios habituales y, además, no cuenta con una estructura habilitada para su procesamiento.
“En nuestro país, el Código Alimentario es el que regula todos los productos que se comercializan. La carne equina, al igual que la de avestruz, no es de consumo frecuente. Se puede consumir, pero no contamos con frigoríficos habilitados bajo normativas específicas ni con el correspondiente control sanitario que debe tener el animal desde su nacimiento”, detalló.
En ese sentido, advirtió sobre los riesgos concretos que implica consumir carne sin los controles necesarios. “Cuando no se cumplen los procesos de inspección, se pueden adquirir bacterias peligrosas como salmonella o escherichia coli, que pueden derivar en enfermedades graves como el síndrome urémico hemolítico, incluso con consecuencias fatales”, alertó.
No obstante, la especialista aclaró que, en condiciones adecuadas, la carne de burro podría ser una opción válida desde el punto de vista nutricional. “Si estuviera legislada y pasara por todos los controles correspondientes, yo la elegiría, porque aporta proteínas de alto valor biológico, fundamentales para el funcionamiento del organismo”, concluyó.
El caso reaviva la discusión sobre los controles sanitarios, la trazabilidad de los alimentos y la necesidad de garantizar condiciones seguras para el consumo, más allá de las costumbres culturales.

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