En las últimas horas cobró relevancia el dato de superávit comercial, impulsado por un crecimiento cercano al 30% en las exportaciones durante marzo, alcanzando niveles récord. Sobre este escenario, el licenciado Mariano Parnas destacó que se trata de “una fuente genuina de generación de divisas para la economía”, aunque advirtió que el dato merece un análisis más profundo.
Según explicó, el incremento en las exportaciones no está motorizado principalmente por una mejora en los precios internacionales, sino por un fuerte aumento en el volumen exportado. “Eso puede generar cierto desconcierto, sobre todo en un contexto internacional atravesado por conflictos como la guerra en Irán, que ha impulsado el precio del petróleo”, señaló.
En esa línea, Parnas subrayó que existe un rezago de aproximadamente 45 días entre la toma de datos y su publicación por parte del INDEC, lo que implica que el impacto pleno del aumento en los precios de la energía aún no se refleja en las estadísticas actuales. “Este dato probablemente sea mayor cuando se incorporen esas variaciones”, anticipó.
El economista también recordó que la balanza comercial mide la diferencia entre exportaciones e importaciones, por lo que su resultado puede estar influenciado tanto por el desempeño exportador como por la dinámica de las compras externas.
En otro tramo, Parnas abordó las diferencias entre los datos del INDEC y los informes elaborados por la UCA en materia de pobreza. “Es importante centrarse en los datos oficiales, aunque también existen otras metodologías válidas. El problema es que hay múltiples formas de medir la pobreza y todas pueden arrojar conclusiones distintas”, explicó. En ese sentido, mencionó que el organismo oficial publica indicadores de pobreza monetaria y multidimensional de manera sistemática.
Respecto a las estadísticas en general, advirtió que las metodologías responden a determinados objetivos técnicos, aunque luego pueden ser utilizadas con fines políticos. Como ejemplo, citó el Índice de Precios al Consumidor (IPC): “No busca medir el costo de vida de cada persona en particular, sino la evolución promedio de una canasta de bienes. Por eso muchas veces no refleja la realidad de todos los hogares”.
Finalmente, se refirió a la relación entre el dólar y los precios internos, especialmente en productos como la carne. “Existe cierta paradoja en el uso del tipo de cambio como ancla inflacionaria. Si bien el dólar oficial ha subido desde la devaluación inicial —pasando de 400 a 800 pesos y luego hasta niveles cercanos a 1400—, muchos precios crecieron por encima de ese ritmo, mientras que otros, como los salarios, quedaron rezagados”, concluyó.

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