En diálogo con Radio Exclusiva, el licenciado Mariano Parnás analizó los últimos datos de pobreza difundidos por el INDEC y explicó que, para comprender en profundidad las condiciones de vida de la población, es necesario incorporar una mirada multidimensional.
Parnás remarcó que los indicadores de pobreza monetaria, que se publican semestralmente, permiten conocer la situación de los ingresos de los hogares, pero presentan una elevada sensibilidad frente a los movimientos de la inflación.
“Para entender en profundidad el tema de la pobreza y las condiciones de vida de la población, deberíamos mirar los índices de pobreza multidimensionales que publica el INDEC”, explicó.
En ese sentido, señaló que la pobreza no está vinculada exclusivamente con el dinero disponible, sino también con variables como el nivel educativo alcanzado, el acceso a la salud, los servicios, la infraestructura, las condiciones habitacionales, el hacinamiento y los materiales de construcción de las viviendas, entre otros factores.
El economista explicó que estos aspectos suelen analizarse con mayor profundidad a partir de los censos de población, que se realizan cada diez años, mientras que los indicadores monetarios permiten contar con una referencia más inmediata sobre la coyuntura.
Sin embargo, advirtió que estos últimos son muy sensibles a la evolución de los precios. “Cuando la inflación baja, estos indicadores bajan también, y cuando sube la inflación, la pobreza monetaria y la indigencia suben mucho”, sostuvo.
Para Parnás, esta volatilidad puede dificultar la interpretación de la situación estructural de la población. No obstante, consideró que el ingreso continúa siendo una variable relevante para aproximarse a las condiciones de vida, siempre teniendo en cuenta esas limitaciones.
Un piso de pobreza que se mantiene desde hace años
Al analizar el último dato difundido por el INDEC, Parnás señaló que, más allá de la variación registrada, existe un fenómeno estructural que requiere especial atención.
“La Argentina tiene un piso de pobreza estructural que desde hace casi 15 años no podemos perforar, que es este 30%”, afirmó.
Según su análisis, la dificultad para reducir de manera sostenida los niveles de pobreza está relacionada con el estancamiento económico y con las dificultades para distribuir los beneficios del crecimiento.
“Argentina, como está estancada, como no crece y como no se redistribuye, necesita las dos condiciones: crecer y redistribuir. Eso es lo que necesitás para bajar la pobreza”, sostuvo.
Crecer no alcanza: también hay que redistribuir
Consultado sobre la necesidad de avanzar en reformas estructurales y de productividad para revertir el deterioro de los salarios y mejorar los ingresos, Parnás consideró que la estabilidad macroeconómica es necesaria, pero no suficiente.
El economista explicó que uno de los principales desafíos consiste en lograr una reducción sostenida de la inflación, ya que los desequilibrios macroeconómicos terminan generando efectos sobre el tipo de cambio, el consumo y la producción.
“Tenemos que aniquilar la inflación”, afirmó, aunque aclaró que estabilizar la economía y volver a crecer no alcanza por sí solo para resolver el problema de la pobreza.
En ese sentido, planteó la necesidad de que el crecimiento económico alcance también a los sectores medios y populares.
“Tenés que lograr que ese crecimiento no se concentre solamente en una parte de la economía o de la sociedad, sino que las capas medias y los sectores más populares puedan subirse a ese tren del crecimiento”, explicó.
Para Parnás, esto implica mejorar no solamente los ingresos y los salarios, sino también las condiciones vinculadas con la salud, la educación, la infraestructura y el hábitat.
La inflación y la estrategia económica del Gobierno
Al ser consultado sobre si las actuales dificultades representan una fluctuación transitoria o un límite estructural del programa económico, Parnás analizó los objetivos planteados por el Gobierno de Javier Milei en materia de inflación.
Según explicó, el discurso oficial habría pasado de plantear una rápida eliminación de la inflación a reconocer que el proceso podría demandar varios años.
Parnás mencionó como referencias los casos de Uruguay e Israel, países que atravesaron procesos prolongados para alcanzar niveles de inflación más bajos y estables.
En ese contexto, planteó una disyuntiva que aparece con mayor fuerza de cara al próximo escenario electoral: mantener una política monetaria restrictiva para continuar reduciendo la inflación o flexibilizar determinadas condiciones para darle mayor impulso a la actividad económica.
El economista señaló que sectores como la industria, la construcción y el comercio, que tienen una fuerte demanda de empleo, se encuentran entre los más afectados por la actual dinámica económica.
La discusión, explicó, puede analizarse a partir de la denominada curva de Phillips, que plantea una relación entre inflación y desempleo.
“Pareciera que el Gobierno está optando por inclinarse por aflojar también la política monetaria y permitir darle más rienda suelta a lo que es la producción, el consumo interno, el consumo masivo y el empleo”, analizó.
El desafío del empleo y la informalidad
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue el mercado laboral y el impacto esperado de la reforma laboral impulsada por el Gobierno.
Parnás sostuvo que el escenario actual presenta similitudes con algunos debates económicos de la década del 90, cuando se planteaba que una reducción del tamaño del Estado, junto con la desregulación y la liberalización de los mercados, permitiría avanzar hacia una mayor formalización del empleo.
Según explicó, en aquel momento se sostenía que las regulaciones y la intervención estatal generaban incentivos para que parte de la economía funcionara de manera informal.
Sin embargo, señaló que la experiencia de los años 90 mostró que el achicamiento del Estado y las desregulaciones no fueron suficientes para resolver el problema de la informalidad laboral.
De esta manera, Parnás planteó que el desafío actual no pasa solamente por estabilizar la economía, sino por conseguir que el crecimiento se traduzca en más empleo formal, mejores ingresos y una mejora sostenida de las condiciones de vida de la población.

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