El esperado regreso de Agostina Páez a la Argentina, que prometía traer definiciones sobre su compleja situación judicial y mediática tras su paso por Brasil, se vio abruptamente opacado por un nuevo escándalo. Un video capturado durante la madrugada muestra a su padre, Mariano Páez, realizando gestos de mono, una secuencia que se difundió con velocidad eléctrica en las redes sociales y generó un fuerte impacto en la opinión pública.
El material audiovisual no tardó en volverse tendencia, provocando un rechazo generalizado. La gravedad del gesto no es menor, considerando que el caso de Agostina cobró relevancia internacional precisamente por una controversia vinculada a actos interpretados como racistas en territorio brasileño. En este contexto, la actitud de su padre ha sido calificada por miles de usuarios como una provocación innecesaria y una contradicción absoluta frente al delicado momento que atraviesa la familia.
Reacciones y silencio
Las críticas en las plataformas digitales apuntan no solo a la naturaleza discriminatoria de la acción, sino también al impacto negativo que estas conductas tienen sobre la imagen de Agostina en medio de su proceso. Para muchos analistas de redes, este episodio amplifica el nivel de exposición y el rechazo social que ya pesaba sobre el entorno de la joven.
Hasta el momento, Mariano Páez ha optado por el silencio. No se han emitido comunicados oficiales ni explicaciones que intenten contextualizar lo ocurrido. Esta falta de respuesta, lejos de mitigar el conflicto, ha alimentado el debate y las especulaciones sobre la postura de la familia frente a las acusaciones de racismo.
Con este nuevo frente abierto, la llegada de Agostina al país pierde su foco original —el de posibles aclaraciones sobre su situación en Brasil— para quedar atrapada en una nueva crisis de imagen pública generada por su propio círculo íntimo.

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