Entre el 1 de abril de 2023 y el 31 de octubre de 2025, se notificaron 22.249 eventos al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud (SNVS) del Ministerio de Salud de la Nación. De ese total, el 95 por ciento (20.928) corresponde a intentos de suicidio sin resultado mortal, y el 5 por ciento (1.218) a intentos de suicidio con resultado mortal. La opinión de las especialistas Gabriela Dueñas y Amelia Franchi.
El análisis expuso un aumento sostenido en la notificación mensual de intentos de suicidio desde el inicio de la vigilancia obligatoria. Y si bien se observaron algunas fluctuaciones, la tendencia general fue ascendente. Inicialmente, el valor más alto se registró en enero de 2025, con 1.084 eventos notificados, seguido de una leve fluctuación en los meses de febrero y marzo y posteriormente una disminución en abril (882 casos).
Profesionales de la salud con dedicación al tema aseguran que el incremento de los suicidios está asociado “a la anomia social, la desprotección desde el Estado y una ética del sálvese quien pueda promovida por políticas que recortan derechos”.
Para la doctora en psicología, psicopedagoga y docente de la Universidad Nacional de Rosario Gabriela Dueñas, “es tentador buscar explicaciones solo en lo individual: una depresión no tratada, una crisis personal. Pero ¿y si este dolor íntimo tiene raíces mucho más profundas, en las grietas de nuestro tejido social?”, se interrogó.
Esta aseveración queda ratificada por la médica sanitarista Amelia Franchi, integrante de una red de la Región Sanitaria Quinta de la provincia de Buenos Aires, que incluye trece municipios del primer cordón bonaerense que concentra a unos dos millones y medio de habitantes.
Franchi, en diálogo con Y ahora qué?, coincidió en que el tema de los suicidios adolescentes se convirtió en uno de “los fundamentales del último año. Esto es específico, pero no quita que está aumentando en pacientes de otras edades”.
“Si viviéramos en Suiza, podría pensar que aumentaron los suicidios porque está aprobada la ley de eutanasia. Pero eso no ocurre en Argentina. Para mí, se debe al síndrome típico de salud mental, en parte por lo que está sucediendo en el país con el sálvese quien pueda, con el no ver al otro. El aumento de los intentos de suicidio tiene que ver con eso, con no llegar a fin de mes, con no poder comprar remedios. Y si no tenés una patología de base, es un síndrome depresivo que te lleva al suicidio. En algunas ocasiones no hay posibilidad de tratarse porque no hay en todos lados servicios de salud mental gratuitos, y conseguir un turno no es tan fácil”, agregó Franchi.
La posición oficial
Según lo expresaron las autoridades, en el último Boletín Epidemiológico Nacional de diciembre del año pasado, “este patrón de crecimiento progresivo puede vincularse a una mayor consolidación del sistema de vigilancia como a un fortalecimiento en la capacidad de notificación por parte de los efectores de salud… en cuanto a antecedentes, el diagnóstico previo en salud mental, los intentos anteriores y el consumo problemático de sustancias fueron los más frecuentes” motivos que llevaron a las personas a pensar en el suicidio como una salida a sus vidas.
Lo que no menciona, ni parece haber sido considerado por las autoridades sanitarias nacionales, es por qué las personas llegan al intento de suicidio. En el contexto de la información provista desde el Boletín Epidemiológico ese aumento de los intentos (algunos exitosos) se debe a un mayor control de la información que promovió reportes más detallados y fidedignos.
Ni Dueñas ni Franchi coinciden con esa interpretación.
–¿Qué origen le encuentra a esta problemática, entonces? –preguntó este medio a Franchi.
–Franchi: Me parece que el aumento tiene que ver con ese sálvese quien pueda. Aparte de que aumentó todo en todos lados, si hablamos de suicidio, hablamos de un tema grave en salud mental. ¿Pero de dónde viene el tema de salud mental? La gente que te mira y te dice que no puede o que no tiene.
–¿En qué momento detectaron el incremento de suicidios en la región donde usted trabaja?
–Franchi: En estos dos últimos años se produjo un aumento de este tipo de casos. Indudablemente, algo está pasando.
La desprotección libertaria
Para Dueñas, “la ideología libertaria, llevada al extremo, puede generar zonas de excepción donde la vida vulnerable queda desprotegida. Émile Durkheim explicó que el suicidio aumenta en sociedades atravesadas por la anomia, o sea la falta de normas claras y una ruptura de los lazos que unen a las personas”.
La profesional consideró que ese diagnóstico “sigue vigente, aunque ahora esa anomia es más compleja porque no es solo por falta de reglas, sino que se debe a una ética del sálvese quien pueda promovida por políticas que mercantilizan la vida, recortan derechos y nos enfrentan como competidores”.
–En Argentina se está produciendo un suicidio cada 24 horas. ¿A qué lo adjudica?
–Dueñas: No hay causas lineales, hay que pararse en la perspectiva de un pensamiento complejo y evaluar una serie de variables que permitan aproximarse a una explicación. Entre las variables, creo que lo primero que hay que tener en cuenta -y que es lo que habitualmente se tiende a desconocer u omitir- son las condiciones epocales, contextuales, históricas o socioculturales que promueven este tipo de conductas en los sujetos que atentan contra su propia vida. Durkheim describió estados de anomia, que no es otra cosa que una condición, una comunidad, una sociedad en la que no hay normas vigentes. Acá, en este momento, si bien tenemos un montón de normativas, la mayoría están de adorno.
–¿O sea que en Argentina existe un estado de anomia?
–Dueñas: Sí, porque la anomia también se puede dar en sociedades donde las normas existen, pero no se implementan. O en sociedades donde abundan normas, pero se contradicen unas con otras.
–Donde reinan la incertidumbre y el desconcierto.
–Dueñas: En una sociedad donde se pretende convivir sin normas claras que marquen un norte, esa situación genera un estado de vacilación en los sujetos que promueve -sobre todo en aquellos que están en estado de particular vulnerabilidad- que lleven a buscar una salida a esa sensación de malestar por no saber dónde están parados y para dónde ir. Entonces se produce lo que en psicología se llama “el pasaje al acto”, en donde la idea de muerte no es pensada como tal, sino como una salida de una situación muy dolorosa.
–Cuando habla de anomia, ¿la considera un síntoma social generalizado en la Argentina actual?
–Dueñas: En el mundo estamos viviendo una crisis civilizatoria caracterizada por la anomia, donde no se respetan los códigos ni las normativas. Fijate el episodio de Trump, cuando él mismo dice que no respeta los acuerdos internacionales. Viola todo tipo de normativas. Esto está ocurriendo a nivel mundial. Y en nuestro país se está viviendo de una manera clarísima.
Saltar dunas en La Frontera, un paradigma de la Argentina actual
–Usted relacionó los intentos de suicidio con los recientes incidentes ocurridos en las dunas de Pinamar.
–Dueñas: Sí, en un buen reflejo de nuestro presente. En los médanos de Pinamar se pone en escena con muchísima claridad lo que es una convivencia anómica, sin normas de ningún tipo donde cada uno se regula exclusivamente por su interés y deseo personal de hacer lo que tiene ganas para sentir esa famosa felicidad que nos vendieron como lema, y que en realidad es una gran mentira porque uno puede pasar por estados de felicidad, transitarlos, pero no se puede vivir en un estado de felicidad eterna porque hasta va a contramano de los principios biológicos de la vida.
–Cuando hablamos de suicidios puede pensarse en una cuestión de depresión, pero en el caso de los hechos de Pinamar, ahí se valida la anomia.
–Dueñas: Todo tiene que ver con todo. Lo que llamamos depresión es la agresión vuelta sobre el propio sujeto, y esto tiene que ver con lo que estamos viviendo en estos estados de anomia en donde no hay normas, no hay acuerdos sociales que nos permitan convivir y poner límites. No podemos poner una frontera a los propios deseos e intenciones personales en relación a tener que ceder para poder vivir con otros. Es el reino del ombliguismo, del individualismo, cada uno hace lo que se le canta, y entonces no hay normas que regulen, que frenen. Ahí la trampa es que el sujeto se vuelve finalmente el único responsable ante sí mismo de no estar feliz. Yo no estoy feliz, o estoy fracasado, la responsabilidad es mía y por lo tanto yo no sirvo, yo no valgo y ahí es cuando la agresión se vuelca sobre sí mismo.
–Claro, pero en el caso de Pinamar no hubo un suicidio, en todo caso una falta de respeto a las normas.
–Dueñas: Es que no hay normas en ese terreno, fíjate que además se llama La Frontera, pero es un terreno sin límites donde, paradójicamente, el sujeto hace lo que se le canta y queda a merced de sus propios impulsos sin ningún tipo de control que lo regule. Ahí es donde se promueven rituales de muerte de forma espectacular porque todo está espectacularizado en l medida que los otros van a ver cómo se juega a la muerte, cómo algunos sujetos creen que no les va a ocurrir nada. Son conductas suicidas, es como jugar a la ruleta rusa donde uno juega porque cree que no le va a pasar nada.
–¿Y qué profundiza estas conductas en estos sectores estos últimos años?
–Dueñas: Las características socioculturales que promueve un gobierno autodenominado anarcolibertario que promueve la falta de normas.
–¿Cómo proyecta este cuadro en el tiempo? ¿Podría ocurrir que se incentiven los intentos de suicidio?
–Dueñas: En principio parece ser que la gente está anestesiada y va de a poco, como si se fueran naturalizando este tipo de conductas. Son rituales de muerte que se observan en distintos ámbitos y dimensiones de la vida social y en todos los sectores sociales. Estos días también ocurrió que unos jóvenes entraron a una fiesta en Zárate y empezaron a disparar. Todos los veranos vemos estos episodios, como cuando mataron a Fernando Báez Sosa en Villa Gesell. Los jóvenes tienen la tendencia de pasar al acto, a actuar aquello que como sociedad adulta venimos haciendo y encubrimos, disimulamos, o no queremos aceptar.
–Como si fueran un espejo de la sociedad.
–Dueñas: Claro. Cuando arremeten, se confrontan en luchas entre ellos porque es propio de la adolescencia, pero en este último tiempo notamos que lo hacen sin códigos, golpeando a alguien que ya está tirado en el piso, entre muchos a uno, ataques en banda.
–¿Y de qué nos hablan estos episodios?
–Dueñas: De una falta de códigos y de límites. De cero empatía por el otro. De un individualismo en el que primero, segundo y tercero estoy yo y no importa el valor del otro porque no vale nada. Y si vale, solo vale para servirme en algo. En ese contexto de una sociedad sin valores, sin pautas, sin límites, con una red social fragmentada y anestesiada la capacidad de empatía, en ese contexto el pronóstico puede indicar que aumenten los cuadros de intento de suicidio encubiertos, por ejemplo, como lo estamos viendo en las playas de Pinamar, a través de estos rituales y juegos de la muerte en las arenas, o a través de los enfrentamientos entre jóvenes (hombres o mujeres) de cualquier sector social.
Desamparo
Para Dueñas, somos una sociedad adulta adolentizada que no está pudiendo cuidar a sus niños, niñas y jóvenes: “están absolutamente desamparados, y hasta siendo usados como objetos a los que llevamos a disfrutar de placeres adultos, y de hacerlos participar en carreras temerarias en los médanos como a este chico Bastian”, el niño de ocho años que sufrió lesiones graves luego de un choque entre una camioneta y un vehículo UTV en Pinamar que permanece en estado reservado en un hospital de Mar del Plata.
“No estamos pudiendo cuidar a nuestras infancias y adolescencias, que encarnan el futuro de la sociedad. Mínimamente no les estamos garantizando su derecho a la vida. Y si esto se prolonga, estaremos hipotecando nuestro futuro”, sentenció Dueñas.

Recomendados
Carney expone, Tucídides aconseja, Trump actúa y Milei mira
La economía del delirio: cuando las cifras reemplazan a la verdad
Debut con derrota