13 de septiembre de 2026

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¿Quién fue «El Polaco»? Adiós a Eduardo Groh Riemersma, el gran protector de los animales

Eduardo Groh Riemersma, de 49 años, falleció este jueves en un trágico siniestro vial. Deja un vacío irreparable en Santiago del Estero y en el proteccionismo nacional, donde rescató a miles de perros y transformó el refugio en un símbolo de empatía.
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​La partida de Eduardo Groh Riemersma (49), popularmente conocido como «El Polaco», golpea de lleno el corazón de Santiago del Estero. Su muerte tras un trágico accidente en su motocicleta en la rotonda de avenida Alsina y Ramón Gómez Cornet deja huérfana a una de las causas humanitarias más nobles y reconocidas de la provincia: la protección y el rescate de animales en situación de vulnerabilidad.

​Farol y referente ineludible del proteccionismo animal no solo a nivel local sino en todo el país, «El Polaco» dedicó gran parte de su vida a sanar las heridas del abandono. Su obra cumbre, «El Montecito de los Canichones» —ubicado en un predio sobre la Ruta 16, en La Banda—, se convirtió en un santuario donde cientos de perros encontraron el refugio, la dignidad y el amor que la calle les había negado.

Una vida de entrega y amor incondicional

​Lejos de limitarse al rescate convencional, la labor de Groh Riemersma destacó por su profundo compromiso con los casos más complejos. Bajo su tutela, «El Montecito» fue pionero e ícono en la atención de animales viejos, enfermos o con movilidad reducida, adaptando carros ortopédicos, tratamientos médicos intensivos y espacios específicos para su rehabilitación.

​A lo largo de los años, su labor incansable permitió transformar la vida de miles de perros que lograron ingresar al circuito de la adopción responsable. Sin embargo, su lucha también se dio en las aulas y en las calles: fue un ferviente impulsor de la concientización contra el maltrato animal, brindando charlas educativas en escuelas y promoviendo la tenencia responsable en la comunidad.

​Hoy, la comunidad santiagueña y la red proteccionista nacional no solo lamentan la pérdida de un vecino de barrio Belgrano o de una víctima de un siniestro vial, sino el apagón de una voz incansable que eligió ser el amparo de los que no tienen voz.