5 de julio de 2026

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El Partido del Rumbo cierra filas y profundiza el desguace estatal

El bautismo de la coalición del círculo rojo bajo la batuta de Washington. Un proyecto de entrega de soberanía que busca trascender al propio Milei
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El civil fue en la Casa Rosada. La fiesta se celebró a continuación en la embajada de Estados Unidos. Las excusas formales (la asunción de un nuevo jefe de gabinete, los festejos por el aniversario de la independencia de ese país) quedan en segundo plano ante la contundencia de algunas imágenes. La ceremonia significó el bautismo de un nuevo/viejo espacio político en la Argentina, el Partido del Rumbo o el rumbismo, comprometido solamente con la continuidad del proceso de concentración de riqueza y renuncia de soberanía que constituye el corazón del proyecto político que hoy está, institucionalmente, en manos de Javier Milei, y mañana quién sabe.

El álbum de fotos nos permite apreciar que el rumbismo es una coalición amplia y variopinta, en la que se encuentran La Libertad Avanza, el PRO y buena parte de la UCR, más de la mitad de los gobernadores, los empresarios más poderosos del país, dueños de medios de comunicación, jueces y fiscales; y también que su vértice superior lo ocupa el embajador Peter Lamelas, que a esta altura del partido es el hombre más poderoso en ese cargo desde 1983. Milei, el primer presidente argentino que asiste a una celebración de independencia en la embajada yanqui, lo valida con ese gesto, dejando al desnudo, al mismo tiempo, su propia contingencia.

“Yo voy a hablar y él me va a escuchar”, dijo Lamelas sobre el mandatario que no manda. Washington habla, la Argentina escucha. Esa es la puesta en escena a la que se presta el Partido del Rumbo y que viene a representar una sumisión mucho más profunda, de entrega total e incondicional, sin pedir a cambio más que una módica garantía sobre sus márgenes de ganancia. O para decirlo en sencillo: la élite argentina está dispuesta a que deje de haber Argentina antes de pagar un poco más de impuestos. Ese es un problema que va a seguir allí cuando este gobierno termine y deberá ser atendido por quienes queden a cargo de reparar el desastre.

El rumbismo tiene una razón de ser: el círculo rojo recibe cada semana, desde hace ya varios meses, informes de todo tipo y origen que coinciden en que las chances que tiene el presidente argentino de ganar las elecciones no solamente son bajas sino que están cayendo de forma sostenida. El primer globo de ensayo que lanzó Patricia Bullrich para posicionarse como alternativa no dio buenos resultados. La senadora, que a fin de cuentas en 2023 terminó tercera en una elección que creía ganada de antemano, mide menos que Milei. Hay otros que no tendrían problema en ocupar ese lugar pero ni siquiera figuran en las encuestas de intención de voto.

Por lo tanto, el candidato será el proyecto, como se dijo alguna vez. Los nombres, en todo caso, van a definirse más cerca de la fecha, cuando el panorama esté más claro. Lo importante es mantener el rumbo, una advertencia que en los últimos meses resonó en editoriales de los grandes diarios, off the record de empresarios que no suelen dar off the record, y que hasta en la inquietud que le planteó Peter Thiel a Milei en la última visita que le hizo a la Casa Rosada: “Cómo se sostiene esto en el tiempo”. La pregunta que deben hacerse todos los que adhieren al Partido del Rumbo es hasta dónde están dispuestos a llegar para que nada, ni la voluntad popular, pueda alterar el camino.

La doctrina del Partido del Rumbo es la doctrina Donroe, la partitura que baja desde la Casa Blanca y suena a dominación colonial de todo el hemisferio, desde la Antártida hasta Groenlandia. Es una doctrina donde caben el secuestro de jefes de Estado, la amenaza del uso de fuerza militar, la interferencia electoral, la manipulación algorítmica, el chantaje financiero, bloqueos de combustible y alimento, catástrofes humanitarias, asesinatos extrajudiciales, espionaje y corrupción flagrante. Su objetivo explícito es la extracción de los recursos estratégicos argentinos para ponerlos al servicio de Estados Unidos en la carrera bélico-tecnológica contra China.

Sería negligente enmarcar de otra forma el problema. No es un debate económico sino profundamente político. Lo que está en juego es la condición misma de la política: ¿puede la Argentina ser un país soberano? Sin eso, hay nada. En mayo, el ingeniero Rodolfo Kempf, investigador de la Comisión Nacional de Energía Atómica, en una entrevista con Adrián Murano en El Destape, contó que en los primeros meses del gobierno de Milei una funcionaria de la embajada británica inspeccionó las instalaciones del RA-10 y tras la visita sentenció: “Ustedes no pueden tener esto”. El rumbismo es el partido de la renuncia a tener un país soberano.

La entrega nuclear: de la vanguardia científica a moneda de cambio

La CNEA es un organismo con más de 75 años de trabajo de referencia global en materia de desarrollo nuclear pacífico. Un verdadero orgullo nacional. Se encarga de gestionar empresas superavitarias, desarrollar profesionales de primera línea y marcar el rumbo del sistema atómico. Lo están desguazando para llevarse las partes, contratar a los trabajadores altamente especializados que el sistema expulsa por sus bajos salarios y poner décadas de inversión pública y trabajo argentino al servicio de otro país y del enriquecimiento de un puñado de amigos del poder.

El sistema nuclear fue sometido a la licuadora y motosierra que afectó a todo el sector público nacional, pero también fue blanco de un proceso de demolición apuntado específicamente contra algunos de los proyectos más avanzados, como el RA-10, el CAREM o la investigación de punta. Todo bajo estricta supervisión extranjera. En enero, el mismo grupo de legisladores norteamericanos que estuvo en Ushuaia días antes de que Milei decidiera intervenir el puerto de la capital fueguina, visitó además, durante su tour furtivo, las instalaciones de la CNEA.

Fuente El Destape