Los esfuerzos por mostrar un frente unido mediante gestos públicos y cenas de distensión no han logrado disipar las fisuras internas que atraviesan a la cúpula de La Libertad Avanza. La tensa relación entre la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, pone a prueba la cohesión del espacio oficialista en un momento clave para sus pretensiones electorales de largo plazo.
Aunque desde la Casa Rosada se intenta apurar el despliegue político del «operativo reelección», el ruido interno dificulta la consolidación de una estructura unificada. Las diferencias operativas y la disputa por la conducción territorial de la fuerza política complican el armado en distritos clave.
Por su parte, Bullrich reajusta su estrategia política. Sin romper el pacto de gobernabilidad ni abandonar su rol en la gestión, la funcionaria busca preservar un perfil propio y posicionarse como una opción sólida de recambio en caso de que el desgaste de la figura de Javier Milei siga acentuándose.
En paralelo a esta interna por el liderazgo del espacio, el Gobierno intenta reconducir la agenda política buscando el respaldo de los gobernadores provinciales para sortear la creciente resistencia parlamentaria en el Congreso.
Con información de Perfil

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