Un nuevo estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Pontificia Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA), elaborado junto a Edenred, analiza en profundidad las prácticas alimentarias, las condiciones edilicias y la comensalidad de la población asalariada del país. Los datos reflejan que la alimentación laboral se encuentra fuertemente estratificada y atravesada por desigualdades territoriales, de ingresos y de escala empresarial.
Privación económica y hábitos en el trabajo
Aunque el 77,4% de los trabajadores acostumbra comer durante el horario laboral, existe un 22,6% que no lo hace de manera habitual. Esta situación afecta en mayor proporción a los adultos mayores de 45 años, a empleados del sector público y a quienes residen en el Noreste Argentino (NEA), donde la cifra de trabajadores que no comen alcanza al 50,1%.
El factor económico juega un rol determinante en lo que se consume cotidianamente. Según el relevamiento, más de la mitad de los asalariados (56,2%) debió saltear comidas o elegir opciones menos nutritivas debido a limitaciones financieras, y un 83,5% restringió la cantidad o calidad de sus alimentos por el mismo motivo. Tan solo un 16,5% de los trabajadores encuestados se encuentra libre de algún tipo de privación o restricción alimentaria.
Infraestructura deficiente y falta de apoyo empresarial
El informe pone de relieve las condiciones materiales en las que se desarrollan los almuerzos o pausas gastronómicas:
- Lugar de consumo: El 41,5% de los asalariados almuerza directamente en su escritorio o puesto de trabajo, un 38,9% utiliza el comedor de la empresa, y el resto recurre a espacios públicos, restaurantes o a su propio hogar.
- Equipamiento disponible: Un 13,7% de los trabajadores no dispone de ningún tipo de equipamiento básico (como heladera o microondas) en su ámbito laboral, lo que dificulta la conservación o calentamiento de comida casera.
- Aporte del empleador: El 55,6% de los trabajadores no recibe ninguna contribución monetaria ni en especie por parte de su empleador para cubrir sus gastos de alimentación. En contraste, en el sector privado el acceso a algún beneficio abarca al 49,6%, mientras que en el sector público desciende al 32,2%.
Comensalidad y pausa laboral
La forma en que se comparte la mesa también refleja transformaciones sociolaborales. Si bien el 61,8% almuerza acompañado por colegas de trabajo, un 32,3% come en soledad. Esta última cifra se dispara al 77,0% entre quienes se desempeñan bajo la modalidad de teletrabajo o empleo remoto.
En relación con el descanso, un 26% de la población asalariada enfrenta dificultades para tomar una pausa regular destinada a alimentarse, siendo los trabajadores con menores ingresos y aquellos que se desempeñan en el sector público los más perjudicados.
Salud y expectativas de cambio
El impacto de estas condiciones en la salud pública es evidente: el 23,1% de los asalariados presenta obesidad (IMC > 30), observándose una prevalencia superior en contextos de menor infraestructura y mayores niveles de privación.
Frente a este escenario, existe una demanda extendida por mejoras en el entorno de trabajo. El 80,4% de los encuestados se mostró a favor de recibir un aporte o beneficio alimentario por parte de sus empleadores, valoración que escala al 91,5% en aquellos sectores que actualmente atraviesan vulnerabilidad alimentaria. Asimismo, un 76% considera que realizar una pausa adecuada fuera del espacio estricto de trabajo redundaría en un impacto positivo para su salud y bienestar general.

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