El momento de la ruptura del vacío en el arte es uno de los más angustiantes. El escritor con la hoja en blanco. El compositor con la partitura vacía. El pintor con el lienzo en frente. En el cine es otra cosa. Uno tiene que romper el hielo en medio de mucha gente. Un grupo de personas espera ser dirigido. Entonces se convierte en una angustia expuesta hacia los otros además de la que se tiene dentro.
Los actores antes del acción están súper sensibles, con los reflejos a flor de piel. La actuación en el cine es fragmentada. Por ello necesita de toda la concentración del actor. Antes de la consabida indicación está la contención hacia ellos y la mejor manera de contenerlos es marcarles la escena. Conversar con ellos. Por ello el momento antes a la grabación de la primera toma de la película es difícil. Hay que quebrar ese vacío de silencio en el set. Y no solo con los actores sino también con los técnicos.
Con las personas que trabajan detrás de cámara pasa algo similar a lo que le sucede al director. El primer acción del filme da comienzo a la dinámica de un set de rodaje. Con el continuo devenir de la filmación la cosa se va aflojando y fluye la dinámica de trabajo de grupo.
Mi primer acción lo di a mis diecisiete años. Toda una osadía adolescente viéndolo en retrospectiva. Y gente muy generosa en dejarse llevar por un director tan novel. Recuerdo un instante de pánico escénico. Un frío recorriendo mi cuerpo. Y apechugar los nervios y tirarse a la pileta desde el trampolín. Es una sensación parecida a esa. O a rendir un examen final en la universidad. Es una instancia estresante. Y como tal hay que afrontarla y sobrellevarla. Película a película fui creciendo en este trabajo. Y al día de hoy a mis cuarenta y cuatro años aún me recorre un pequeño escalofrío antes de decir acción.
Al dirigir, uno va aunando sueños tras una idea de película. Si se es lo suficientemente humilde, sensible, inteligente y creativo podremos poner pizcas de sueños de otros en el film. Saber escuchar las primeras críticas de los visualizadores elegidos para tal misión es trascendental. Modificar y ajustar la película en base a ello lo ennoblece a uno y al resultado final.
El realizar una actividad artística de manera profesional y seria es un acto de valentía. Y quienes lo ejecutan no pueden ser cobardes. Es sobreponerse a mil obstáculos y palos en la rueda. La mayoría de las veces por gente pusilánime que no tiene la osadía de ejecutar ellos mismos una disciplina artística. Desde el rodaje de la primera toma a la ultima proyección de la película es un largo y sinuoso camino que deberemos recorrer con nuestra obra.
Saber de las dificultades del recorrido es un gran atajo. Nos prepara para saber que deberemos tener paciencia. Que la constancia deberá ser nuestra mayor aliada. Que ser perseverantes paga más que ser talentosos. Que ser congruentes con el germen del proyecto no nos deja desviarnos ni caer en tentaciones que no sumen al futuro filme. Que siempre habrá excusas para tirar la toalla pero aún así siempre hay que dar un paso más. Que al terminar la película nadie sabrá la felicidad que se siente y que es inexpresable.
Poder superar el primer vacío es el paso uno a una maravillosa aventura que en definitiva nos llevará a conocernos a nosotros mismos mientras transitamos el sendero y la tarea de elaborar una película. La mayoría de las veces me pasa que al ver una película que realicé hace tiempo ella habla más de mi pasado que la historia que encierra en sí misma. Pero a esto sólo lo puede notar su autor. Tal vez las películas son las cicatrices del alma de su director.

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