SÁBADO 28 DE FEBRERO DE 2026 — En la madrugada de este sábado, lo que la Casa Blanca denominó operación «Furia Épica» se materializó en una lluvia de misiles sobre objetivos estratégicos en Irán. La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel pone fin a las especulaciones sobre la «teoría TACO» (que sugería que Donald Trump evitaría el conflicto directo) y traslada la tensión de los despachos de Ginebra al campo de batalla.
El «clima de guerra» que se sintió en Buenos Aires
Días antes del ataque, las señales de la inminente colisión ya se percibían en lugares inesperados. Durante la celebración del Ramadán en la residencia del embajador emiratí Saeed Alqemzi, en el barrio porteño de Belgrano, el aire protocolar no pudo ocultar la preocupación geopolítica.
En el evento, que reunió a figuras como Peter Lamelas (EE.UU.), Mohsen Tehrani (Irán) y Omur Budak (Turquía), los comentarios de pasillo eran lapidarios: «EE.UU. no manda un portaaviones así como si nada», confesaba un diplomático regional, refiriéndose al arribo del gigante USS Gerald R. Ford a la costa israelí.
Fuentes de inteligencia confirmaron a PERFIL que, previo al ataque, la embajada persa en Argentina registró movimientos atípicos, incluyendo un viaje relámpago de su Encargado de Negocios hacia otro país sudamericano, vaciando de hecho la representación política en un Buenos Aires alineado estratégicamente con Washington bajo la gestión de Javier Milei.
Trump y la doctrina del ataque preventivo
En su reciente discurso del Estado de la Unión —el más largo de la historia con 168 minutos—, Donald Trump preparó el terreno argumental. Aunque en 2025 afirmó haber destruido las instalaciones nucleares iraníes, ahora justificó la ofensiva señalando el desarrollo de misiles balísticos capaces de alcanzar Europa y suelo estadounidense.
«Nuestro objetivo es defender al pueblo estadounidense eliminando las amenazas inminentes del régimen iraní», sostuvo el mandatario esta madrugada.
La narrativa de la Casa Blanca, que emula el pretexto utilizado en la invasión a Irak en 2003, apunta ahora no solo a la capacidad militar, sino directamente a forzar un cambio de gobierno que ponga fin a la era iniciada en 1979.
El nuevo mapa de Medio Oriente
La operación ha generado cortocircuitos inmediatos entre los aliados occidentales:
- Reino Unido: El primer ministro Keir Starmer se negó a autorizar el uso de sus bases para esta ofensiva, marcando una distancia operativa con Washington.
- Israel: Mientras la población permanece bajo instrucción de no salir de sus casas, el exministro Yoav Gallant advirtió que, tras la caída del eje iraní, la próxima «amenaza» a contener será Turquía, miembro de la OTAN que busca ocupar el vacío de poder en Siria y África.
La incógnita de Beijing
El mundo aguarda ahora la reacción de China. Como principal comprador de petróleo iraní y socio estratégico en la Organización de Cooperación de Shanghái, Beijing ha mantenido hasta hoy un respaldo puramente retórico. Sin embargo, ante un ataque de esta magnitud, la comunidad internacional se pregunta si el gigante asiático pasará a la acción para proteger sus intereses energéticos y de seguridad en la región.

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